Tras los rastros del sentido. El Exodo de los Espíritus. Marcelo Zamora, Escritos
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Tras los rastros del sentido

Después de todo… había más fe en todas mis dudas que en las pretendidas certezas…

Publicado: domingo, 30 de octubre de 2016

Tras los rastros del sentido. Después de todo… había más fe en todas mis dudas que en las pretendidas certezas…

Especialmente dedicado a esas personas con las cuales comparto la lucha por vivir en estado de autenticidad y coherencia con los valores que hemos elegido. Rechazando toda forma de maniqueo del ego para alimento de su bestialidad. Rechazando el engaño, la brutalidad, la violencia, la frivolidad y toda forma de dominación, manipulación y destrucción del otro para saciar el deseo propio. 


Recorrí la galería de los falsos optimismos, de las caras sonrientes vacías, de los ojos abiertos a nada, de los seres encerrados en engaños tranquilizadores...

Recorrí la calle desierta, desbordada de voces y fachadas permitidas. Recorrí el silencio de las palabras instituidas, de los sueños alquilados, del bullicio atiborrado de sordera.

En ese aturdido andar sólo ansiaba la inmensa quietud de un llano desolado... ansiaba la quietud y no la monotonía...

Soñaba con silencios penetrantes, con caminos errantes... Me reclamaban desde el pasado las vibraciones de las ilusiones abandonadas, desde las huellas del tiempo edificado y resignado, desde los proyectos supuestamente imposibles que sólo venían durmiendo sueños improbables... los de negarlos, los de olvidarlos, los de desconocerlos...

Atropellado por el confuso griterío vacuo inquieto fui en busca del pasado, fui en busca de aquellos pasos que se llevaron mucho de mí pero que por otra parte hicieron mucho de mí.

Quizás todo podía resumirse como un intento, como una nueva pretensión de confirmar el valor único del encuentro humano... cuya única injusticia siempre he creído que radica en su espontánea fugacidad, en su irreproducible configuración... en su propiedad de no ser pasible de olvido más allá de los destellos instantáneos de la conciencia... en su esencia efímera…

Los rostros vacíos, lejanos... transfigurados por el recuerdo que sólo puede rescatar lo que el presente le permite y determina... los rostros ajenos ya... a aquellos que ahora son... a aquello que ahora soy... los rostros inaccesibles en definitiva, las historias irrepetibles e inalcanzables... las miradas ocultas tras la niebla de los olvidos, la misma niebla de los engaños que anestesian la perdida haciéndome creer que la rememoración me reencuentra con todo lo que hubo en ellos.

Recorrí una vez más la galería de los falsos optimismos y me resbalé en la superficialidad, moviéndome incansablemente sin rumbo ni propósito... y en esa prolija lisura brillante y uniforme, en esos mensajes estereotipados supuestamente representantes de cierta pretendida esperanza, no pude encontrar siquiera el ansiado sentido que esos discursos vociferaban. No pude encontrar nada en esas superficies límpidas sin grietas...

Tanta ensordecedora apariencia en antifaces tan grotescos como para pretender simular alguna autenticidad…

Después de todo mi vida podía transitar soledades y tristezas pero aun siendo estas ingratas por lo menos eran ciertas… y no inventos para montar miserables caretas…

Después de todo… había más fe en todas mis dudas que en las pretendidas certezas…

Entonces me adentré en el ilusorio dolor de las caras desnudas, de las miradas gritonas desesperadas, de los movimientos ansiosos perturbados. Me interné entre los cuerpos despojados, me dejé arrastrar hacia el mutismo de las utopías moribundas, por los derroteros de las búsquedas eternamente insatisfechas... Y sí bien me topé las caras de la frustración, del estoicismo y la resignación... también me encontró con las fantasías, los sueños y la ilusión, me encontré con el anhelo, con el deseo, con la pasión.

Entonces quise volver a imaginar... anhelé reencontrarme con aquel llano que cuando niño me fascinara observando en la infinitud el atardecer y la pequeñez de los árboles sumergidos en sus halos y en las preguntas... los misterios irresueltos...

Imaginé aquel llano desolado pero ahora redundante de vida... imaginé mis pies percibiéndolo, mis ojos perdiéndose en esa inmensidad, mi ser probando esa imperturbabilidad.

Recorrí así los simples caminos de mi condición humana e intenté abrir mi percepción más allá del determinismo de mi historia y mi presente... y aunque sólo fuere ilusión este intento valía el proceso mucho más que la imposibilidad de lograrlo.

Recorriendo en esa misma calle desierta desbordada de voces y fachadas pintadas, de palabras instituidas, de sueños imitados, de griterío sordo... quise imaginarme la vida tras todas esas patrañeras poses...

Y recorriendo entre esos cuerpos despojados, dejándome arrastrar por el mutismo de las utopías moribundas, por lo derroteros de las búsquedas eternamente insatisfechas... quise sentir la fuerza de esas ilusiones y a la vez su contradictoria fragilidad...

Me pareció entonces que el vivir mismo era ya algo más que sólo acto... que aunque las vacilaciones de cada instante erigieren y derrumbaren los sueños... que aunque la vida muchas veces pareciera significarse sólo a partir de los proyectos... y tal como muchos años atrás lo leyera en un libro de Albert Camus…

El vivir mismo era ya, todo un sentido...

Marcelo Zamora, escrito iniciado en octubre de 1995. Edición y correcciones. 30 de octubre de 2016

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