Sueño Imperecedero de primavera. La Gravedad del Amor. Marcelo Zamora, Escritos
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Sueño Imperecedero de primavera

Para toda belleza hay un tiempo, y este es el nuestro de contemplarla, de recibirla, de aceptarla y de inundarnos de ella… y en el amor ella se ostenta…

Publicado: domingo, 11 de septiembre de 2016

Sueño Imperecedero de primavera. Para toda belleza hay un tiempo, y este es el nuestro de contemplarla, de recibirla, de aceptarla y de inundarnos de ella… y en el amor ella se ostenta…

Un camino interminable.... adornado de reverdecientes árboles que forman un túnel espléndido, no se ve nadie más... respiran aroma a verde las hojas del césped. La vida se goza y se muestra sin turbiedades, y el silencio es apenas movido por la brisa delicada del este.

Sin que se pueda ver flor alguna, huele a jazmín... el cielo al final del camino se ve en ese azul límpido y profundo como en los días en que llega el Pampero... Al cenit una nube espigada se dibuja y desdibuja solitaria y casi inmóvil. Distante.

Nuestros pasos van descubriendo sonidos que no habíamos percibido y que sólo el silencio nos podría confesar. Unas tranqueras viejas desvían mi mirada, los años de furia y paz atestiguados en los relieves, en los colores, en las texturas, las hojas deslumbran verdes y se mecen con gratitud a un sol oculto tras ellas que se revela inquietando halos.

La tierra apenas húmeda, aún huele a lluvia, la vida se regocija sin más testigos que nuestros afortunados sentidos… Por momentos me invade cierto lamento por tantos momentos donde mi paso por estos lugares fuere tan poco lúcido, pero de inmediato me vuelvo de eso para disfrutar el paisaje, el silencio y el gesto feliz de ella.

Sin muros, sin palabras, sólo entrega a la exquisitez de un lugar que para tantos ojos apagados es un lugar más... cuantos pies han pisado este suelo, cuantas jornadas han transcurrido de indiferencia hacia este humilde edén… Para toda belleza hay un tiempo, y este es el nuestro de contemplarla, de recibirla, de aceptarla y de inundarnos de ella… y en el amor ella se ostenta…

Sus ondeados cabellos le acarician la cintura, castaño, se confunde entre las cortezas… Muy cerca, nos llama el río, susurrando entre las piedras, escondido entre frondas y frutas salvajes que brillan como ornamentos a la resplandeciente declaración de vida de la naturaleza. Su cauce apenas puede taparnos los tobillos y la transparencia del agua tienta a beberla.

Imagino en este momento que no he de caminar ya nunca por estas sendas si no es en su presencia… dulce compañía, hermosa… sueño imperecedero de primavera.

Marcelo Zamora, 11 de septiembre de 2016

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