Adversidad e ideales. La Adversidad. Marcelo Zamora, Escritos
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Adversidad e ideales

Estaré vivo allí donde aún pueda creer que existe lo posible desde los horizontes de lo imposible

Publicado: jueves, 19 de marzo de 2015

Adversidad e ideales. Estaré vivo allí donde aún pueda creer que existe lo posible desde los horizontes de lo imposible

No abandonar los ideales es incómodo, hiere, duele, se te vienen mundos abajo por sostenerlos... y no faltan días en que te quedás solo.

Y otras veces pareciera que repetís caminos absurdos que a nadie le importan. Ir a contrapelo del mundo se paga caro muchas veces y he pagado costos increíbles de los cuales no me arrepiento excepto en los momentos en que flaquean mis fortalezas ante ciertas adversidades evitables con sólo renunciar a lo que soy.

Porque el hombre capaz de aguantarse lo que es, es quien sostendrá sus ideales más allá de su juventud.<!--more-->

Haberme encontrado a las personas capaces de luchar a diario y desde el silencio por un mundo parecido al que siempre he soñado ha sido una y otra vez la confirmación de todo lo que soy y de todo lo que he hecho de mí, que para los ojos de la ambición puede que sea poco pero para mis exigencias es más de lo que haya esperado lograr.

Y alentado por esta insania de los sueños, y sin dejar de soportar pruebas allí donde mucho lastiman... Un día aposté por más aun cuando no me quedaba ya nada para dar y mucho por pagar… y así el Creador me abrió un paso a su universo ingente de almas para que pudieran mis pobres y necios sentidos comprender que causa debí abrazar desde un principio cuando una y otra vez choqué la frente contra muros de engaños, soberbia, lujuria, egoísmos y codicia.

Por eso en momentos en que las cosas salen bastante mal, me siento con grandes esperanzas con fuerzas que no provienen de mí, sino de Quien me sostiene... y es justo agradecer esta paz y esta certidumbre absurda con la cual caminan mis pies.

Puede que mis héroes hayan cambiado de nombre pero no de ideas… puede que no haya podido hacer que el mundo abrazara esas ideas pero si algo pueden atestiguar quienes han compartido algo de mi camino es que no me he rendido a los pies de la devastación y que he seguido allí, muchas veces testigo solitario de un mundo que no fue y que ya no será porque ciertos valores son un anacronismo que hoy la supremacía de la impiedad no puede tolerar.

Puede que no gane nada, ni logre cambiar nada, pero cuando mi cuerpo se retire de esta tierra, más de uno podrá defender mi existencia aduciendo que hice lo que estaba a mi alcance y que mi insistencia llegó a cansarlos cuando una y otra vez insistí en que debíamos vivir de otra forma o el mundo colapsaría sobre nuestra propia avaricia…

Si en alguna revolución he creído siempre ha sido en una sola, la de la conciencia. Sin conciencia moral nuestra civilización está yendo a su extinción. Devastando el planeta sin piedad, abandonando a millones de personas al hambre, la miseria, la desesperación y la muerte… Forzando a las especies a replegarse a espacios tan diminutos cuyo único destino seguro ha de ser también su ocaso… Ennegreciendo el aire que respiramos, acidificando el agua que bebemos, encerrando a los honestos tras las rejas de sus casas y su temor en una sociedad violenta que por privilegiar el dinero termina en connivencia con corruptos, pederastas, narcotraficantes, ladrones, violadores y asesinos, todos libres en nombre de causas nobles como los derechos humanos.
Ante la adversidad nos hacemos más fuertes, si ella no logra vencernos, somos más fuertes cada vez, más inteligentes, más lúcidos…

Y en medio de dificultades… me siento con intensas esperanzas porque siempre ante las grandes pruebas de la existencia, sostenerse a pesar de todo, tengo la certeza que es el tramo hacia alguna gran victoria que tiene reservada la Trascendencia para quienes la intenten alcanzar.

Grandes esperanzas dice la canción de Gilmour. Grandes esperanzas digo cada vez, una y otra vez, una y otra más.

Después de todo…

Hay un mensaje de un mártir y santo alentando que Si Él está con nosotros… ¿quién en contra?

Marcelo Zamora, 19 de marzo de 2015

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