Abrazo. La Gravedad del Amor. Marcelo Zamora, Escritos
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Abrazo

Belleza se repetiría mi alma por siempre...

Publicado: martes, 2 de junio de 2015

Abrazo. Belleza se repetiría mi alma por siempre...

Había llegado la hora de subir aquella escalera, sin barandas y en algunos tramos demasiado estrecha… los peldaños resbalosos. Avanzar desbordado de temor. Temor a lo inevitable, temor a la caída.

Los corregidores observando desde arriba, debajo toda indiferencia… todo silencio, toda vacuidad. Entre ambos el piso movedizo y la imposibilidad de sostenerme…
Así fui cayendo, entre manotazos, certezas dolorosas y profunda soledad…

Varios estribos hacia arriba, cientos hacia abajo… siempre es así cuando la cumbre se ve más cercana… de pronto se aleja como si todo lo transitado no contara o no importase para nada…
Una única lágrima de frío cortando el rostro. Los ancestros trabando mandíbulas… Toda la tierra firme bajo los pies suele ser hielo delgado a punto de quebrar… y en el tránsito hacia tierra, la resignación, la espera de nada, la rendición incondicional al desapego...

Alrededor solo aire, ni siquiera viento. El impacto del suelo duro y asolado. El silencio. Ponerme de pie por instinto y tomar un momento para pensar como subir nuevamente, como cada vez, como siempre, como todas las veces anteriores en que la cumbre me ha refutado…

Tomar un momento, con eso debe bastar, para empezar nuevamente, enfrentar las miserias del miedo, luchar contra el terror de la nada… Sacudir el polvo del tiempo y disponerse una vez más a lo imposible para hallar el abrigo de lo posible…

Algunos de los pobladores del suelo se acercarían entonces pero como meros observadores, cuando no buscando en la tragedia ajena el refuerzo a sus pensamientos derrotistas, la acumulación de pruebas, justificativos y en definitiva de excusas para reforzar su rendición incondicional a la mediocridad…

Muy pocos impotentes en sus buenos deseos se afligirían… Es que nada puede hacer uno por otro, cada cual debe escalar su propia montaña…

O tal vez sí. A veces, solo a veces, las montañas, los peldaños, se comparten… se hacen parte de un mismo sendero…

Allí en ese respiro, en esa derrota… en la sensación más absorbente de mi carne humillada… entre sueños y verdades… corriste hacia mí y me abrazaste con tanto amor que causaría sorpresa a propios y extraños. Dentro mí ansiaba ese abrazo, ese silencio gritando tantas hermosas palabras, esa esperanza de sentirte tan cerca. Fuera de mí, frío el azul de todo como siempre… dentro de mí el volcán que movería mis pies nuevamente.

La belleza de tu rostro siendo nada ante la de tu alma… Tu expresión, tu autenticidad, la delicadeza de tu mirada, tu riesgo innecesario... sólo aceptable desde los laberintos del amor…
Sólo dos palabras mágicas, una frase maravillosa, única, escuchada alguna vez pero irrepetible siempre… interpretada por los instrumentos de tu voz…

Arriesgaste perderlo todo, y así te supe valiente… acepté sin demora alguna tu destino, y así me supiste hombre.

Nada es mío, nada es de nadie, pero el amor encuentra almas para despertarlas… Habiendo llegado tan tarde, nuestras sendas sólo hallarían ese cruce, ese soplo… y así aceptaría amarte… así soportaría amarte, así brillarías en mis horizontes como amanecer y ocaso en un instante…

Injusto diría de no saber agradecer. Esplendente diría de no pretender eternidad… Belleza se repetiría mi alma por siempre...

Allí esperaría la escalera, renegada, insidiosa, sin descansos donde detenerse… Allí donde el olvido reseca el aliento... allí donde la niebla confunde a la mente… allí donde el cielo se esconde detrás del peldaño siguiente.

Marcelo Zamora, 2 de junio de 2015

(*) La foto corresponde a la obra Abrazos deBuilelo Ndjoli

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