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¿Ver para creer o creer para ver?

¿Todo casualidad?

Publicado: jueves, 7 de mayo de 2015

¿Ver para creer o creer para ver?. ¿Todo casualidad?

Los comienzos en la vida siempre surgen desde lo invisible… ¿quién puede ver el momento de la concepción de una criatura…?

Los comienzos en la vida siempre son sorprendentes y parten de lo ínfimo… ¿quién puede ver el crecimiento y reproducción celular desde donde se hace una criatura…?

Los comienzos en la vida siempre son mágicos… sabemos del ADN, sabemos del ARN, hasta conocemos sus secuencias… pero ¿quién puede indicar cuál es la energía que los mueve o porque ante las mismas condiciones una criatura nueva es concebida y otra no…?

Suponemos tantas cosas los humanos. Nos creemos en el lugar de la divinidad porque hemos descubierto funcionamientos, porque sabemos cuál cadena genética marca una característica… pero ¿sabemos realmente lo que sucede…?

No, nunca lo sabemos. Todo lo que sabemos está condicionado por nuestras teorías, teñido por nuestra fe, fe en el  método o Fe en Dios. Nada más engañoso que los sentidos, ellos perciben lo que el cerebro desde su historicidad y aprendizaje previo es capaz de percibir…

Los comienzos en la vida son milagros increíbles y suceden todo el tiempo… y la gran mayoría de estos comienzos nos están vedados. Bacterias, organismos unicelulares, hongos, virus, animales de las profundidades de los océanos, insectos y animales de las cuevas, insectos en el rincón de una de nuestras habitaciones…

Los eventos más espectaculares de la naturaleza suceden más allá de nuestra percepción y construcción que hayamos hecho de lo que llamamos realidad.

Y allí está la vida… despreocupada de lo que sepamos, despreocupada de nuestra existencia, el plan sigue adelante y nada lo puede detener. Como humanos creemos que lo podemos detener… llamarle pecado o defecto es lo mismo, la soberbia es nuestro mayor talón de Aquiles…

No sabemos nada del tejido imperceptible de energía que moviliza al universo y a la vida misma… recién en las últimas décadas venimos comprendiendo como algunos organismos vivos sobreviven al espacio exterior, entre temperaturas increíblemente gélidas, ausencia de gases, de agua, ausencia de todo… mal llamado hibernando para llegar a las condiciones adecuadas y volver a la vida, porque parecen más bien efectos de resurrección o reproducción.

En el jardín del señor Grimstone del Herbarium de Highgate, en Londres, hay una planta de guisantes dando frutos ya que fue hallada en un sarcófago egipcio y que a nadie se le hubiese ocurrido que pudiera fructificar 2844 años después de su creación, edad que arrojó el carbono 14 a otras semillas examinadas en la misma vasija…

Dudo de verdad que la ciencia de hoy comprenda este mecanismo increíble, si conoce la fenomenología, conoce que algunas semilla pueden sobrevivir como esta casi 3000 años para resurgir a la vida pero no como un organismo tan sencillo como una planta ha llegado a semejante evolución capaz de trascender el tiempo para volver a la vida…

Es que los comienzos de la vida son prodigiosos… insisto con eso… hay algo que escapa a nuestras teorías, a nuestra percepción, a nuestros cálculos, a la fenomenología que es la forma como la ciencia estudia el universo…

No por nada las concepciones religiosas de la Creación se han ido modificando al comprender que la misma no es algo acabado en el sexto día de Yahvé… Y es que es muy probable que en este punto de inflexión para todo nuestro edificio epistémico, el punto del origen, este mejor parado el mito que el conocimiento…

El punto de origen no sólo nos remite al punto de origen de la Creación misma, del Universo, el microsegundo cero de la existencia… sino que nos remite al microsegundo cero de la existencia de cualquier ser viviente…

Hay una ingeniería inconmensurable en la creación de cada vida y si alguna vez soñamos con viajar en el tiempo las semillas vegetales ya lo hacen, los virus y organismos diminutos que llegan a la tierra sobre un meteorito y han logrado sobrevivir al incendio del reingreso, lo hacen…

Las bacterias apodadas zombies descubiertas que fueron contemporáneas a la vida de los Mamuts y por efecto de los deshielos en el Ártico han vuelto a la vida, lo hacen…

Las ranas de los ríos de Canadá que hibernan en el hielo todo el invierno en los ríos que se congelan para renacer en primavera lo hacen…

Hay miles de millones de milagros a diario que no estamos dispuestos a observar porque nos hacen ver nuestro verdadero lugar en el orden natural… y nos llaman a la humildad, nos llaman a pensar si creernos las teorías que construimos no son acaso fruto de la soberbia y cuando no de la ridiculez…

En ese sentido los pueblos originarios eran más sabios, ellos aceptaban el Todo como inmensidad y concebían sus vidas como partes de esa inconmensurabilidad…

Nosotros de la mano de la ciencia nos creemos dueños de todo, nos creemos saber cómo funciona todo, nos creemos nuestras propias falacias y armamos sobre ellas nuestros delicados campamentos.

No sé si todos lo saben, pero quien creo la teoría del Big Bang, la célebre explicación de los orígenes sobre la que se elevan nuestros edificios téoricos del universo fue atribuida a George Gamov pero en realidad un buen tiempo antes había sido propuesta por un sacerdote jesuita, George Lemaître.

Vivimos un mundo donde damos por hecho verdades que no lo son… Donde como especie nos vanagloriamos de manipular el ADN pero sin conocer de dónde viene… Donde como especie nos sentimos superiores a los demás seres vivos pero carecemos de la capacidad de una semilla de permanecer 3000 años en un arenal y volver a la vida… Donde hacemos gala de nuestra inteligencia por sobre las demás criaturas pero somos la única especie incapaz de vivir en armonía y sin destruir el medio ambiente… Donde hacemos grandes discursos sobre todo lo que conocemos y no podemos igualar la precisión de las caducifolias que por ejemplo en este otoño atípico en la zona central de la Argentina, manteniendo el ritmo de temperaturas de verano, igualmente iniciaron su letargo en marzo como si supieran que el día 21 es el inicio calendario del otoño…

De esta manera comienzo una serie nueva de escritos, entre la fe y la razón, donde buscaré deliberadamente hallar los indicios que permitan confirmar esa simple frase de Galileo Galilei “Las matemáticas son el alfabeto con el cual Dios ha escrito el Universo”. Hallar los indicios que confirmen que la Creación no es un hecho terminado allí donde las grietas y las inconsistencias evidencian que la fenomenología en su afán de conquistar el universo de creencias, recurre al mito autorreferencial como lo hace cualquier otra religión.

La evolución Darwiniana sola no puede con todo, hay fenómenos que la exceden, algo más hay detrás, a veces me da la sensación que vamos descubriendo el hardware del universo pero que no logramos avanzar en comprender cuál es el software que lo mueve…

Imaginemos descubrir una computadora en una era donde esto no existía, e ir descubriendo que al pasar una corriente por el circuito de tal o cuál manera da tal resultado, eso me da la sensación que hace la genética hoy, va descubriendo cómo hacer que ante tal ausencia o presencia, ante 0 y 1 por lo tanto, se producen tales efectos y de allí en un sistema de ingeniería inversa va haciendo luz a las raíces mismas de la vida, pero la vida es mucho más que eso… hay una energía vital que no es sólo alimentar el soma… Con nafta solamente no funciona un auto, antes alguien debió inventarlo… Los humanos estamos convencidos hoy que todo se inventó solo… y en verdad, no me conforma esa creencia…

Creo que hay un hardware delicadamente planificado… y un software de manejo y un programador de todas esas piezas que la vida conoce perfectamente y nosotros no… ¿y de quien es ese software maravilloso? Nosotros no hemos logrado crear ni siquiera para nuestras computadoras algo así, un sistema lógico capaz en su ejecución de transformar al hardware mismo y entregar así el fenómeno ingente de la adaptación y selección natural de las especies.

¿Por qué la selección natural inventaría la semilla vegetal, capaz de sobrevivir miles de años y renacer cuando las condiciones sean las más favorables y luego retroceder, y hacer que las semillas animales, de no ser reproducidas mientras estos viven, sean condenadas a la extinción y no tengan entonces esa capacidad de los seres vegetales, más sencillos, de trascender el tiempo y las condiciones efímeras del ambiente?

¿Por qué algas y los primeros vegetales contaminarían el planeta de oxígeno y harían posible así la vida animal?

Todo casualidad… ¿todo casualidad?

¿Por qué esa misma casualidad no hace que gane la lotería siendo que las probabilidades de ganarla son unos cientos de millones de veces mayores que las de suceder lo que ha sucedido con la vida en este planeta…?

¿Cuántas chances existen que un planeta como el nuestro, con el núcleo de hierro níquel de las dimensiones del nuestro, con los polos electromagnéticos que protegen la vida del sol… se ubique en lugar exacto de distancia a su estrella y que está tenga las dimensiones exactas y que además tenga una luna del tamaño exacto de la nuestra para generar mareas moderadas y todos los miles de casualidades sin las cuales no estaría aquí escribiendo estas notas?

¿Cuántas posibilidades hay en el universo de un planeta donde el agua no es mayormente hielo o mayormente gas o ausente y es mayormente líquida como en el nuestro?

Quien entiende de biología, ecología y/o astronomía seguro comprende de qué hablo…

Sólo pensar en ese cálculo de probabilidades da escalofríos, es prácticamente imposible…

Pero ha habido un sinfín de convenientes casualidades que prefiero llamar causalidades que hacen que todo esto sea como es hoy y ahora.

¿Ver para creer o creer para ver?

Pareciera que esta fuera la cuestión más importante a resolver hoy para comprender algo de todo lo que la vida nos dice con sus signos claros y contundentes que en todo momento y en todo lugar parecen más milagros que obras de la casualidad…

Marcelo Zamora, 7 de mayo de 2015

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