Tiempo. La Vida se Abre Paso. Marcelo Zamora, Escritos
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Tiempo

Publicado: lunes, 24 de noviembre de 2014

Tiempo.

Muchos pueblos originarios de nuestro continente americano comprendían y concebían al tiempo como un ciclo y por lo tanto no tenían la desesperación por el futuro ni la angustia por el pasado que no ha de volver.

La lluvia débil, la llovizna, me inspiran, me recuerdan momentos donde he puesto la percepción, la mente y el alma a observar y tratar de comprender la naturaleza del todo.

Y cada día comienzo a comprender más los ciclos del tiempo, el devenir de las repeticiones. Es increíble cómo hasta algunas personas se parecen a otras con quienes hemos compartido momentos o que hemos simplemente visto pasar.

Hace unos años tuve la fortuna de visitar seguido un pueblito muy chico en nuestra hermosa pampa húmeda. Y fue inevitable encontrarme allí reflejadas personas que forman parte de mi vida infantil y adolescente allá en el barrio que hizo mucho de lo que hoy soy.

Hoy en otro lugar, hay personas con las cuales me sucede lo mismo.

Hoy la lluvia débil camino de vuelta del colegio de mi hijo, me hizo ver en las nubes otra vez aquel lugar donde una tarde completa de lluvia débil con escasos años… me dediqué a observar el todo.

Las gotas estirándose hasta caer… los sonidos de los seres vivos agradecidos por este clima… las hojas de los árboles apenas mecidas por la brisa, húmeda, fresca.

Como si el cielo midiese el ritmo de las plantas y árboles para absorber el agua, así va cayendo el riego suave…

Si algo me ha impactado de los samuráis es su contemplación de la naturaleza, su observación y analogías sobre las sakuras y sus propias vidas. La poesía de aquellos hombres, el honor, el valor de la palabra…

En mi barrio de adolescencia, no había cerezos en flor para inspirar las letras ni las historias de los samuráis. Pero si dominaba el verde, todo verde, casi siempre verde.

No hace mucho he conocido una mujer mayor que es una santa realmente por su obra cristiana hacia dos personas con discapacidades de las cuales sin ser sus parientes se ha hecho cargo toda su vida desde muy jovencita…  Es increíble el parecido físico y la forma de hablar, hasta la forma de su mandíbula respecto a otra señora que cuando era pibe casi nos obligaba a ir a misa en su casa…

Los ciclos te hacen pensar a veces como que fueras parte de un film como la película de Carrey donde todo es escenografía…

Debe ser la escenografía de Dios, o la repetición que lo inconsciente busca en el exterior… Como saberlo…

Después de todo en su afán de organizar la percepción nuestro sistema nervioso busca parecidos o partes conocidas para reconstruir lo que no llegamos a ver y conocer.

Un hermoso día de lluvia débil en la ciudad, el calor sofocante queda atrás, un verano lluvioso por delante como ocurrió hace tantos años cuando el Niño se hizo ver en estos pagos…

No hay tiempo en esos ciclos, porque allí donde nos desconocemos pero somos, no hay tiempo.

Y es por esta misma causa que donde hay amistad, no hay tiempo, donde hay vivencias importantes tampoco hay tiempo.

No hay tiempo para los sueños…

Sólo hay tiempo donde creemos ser pero aún no somos o nunca hemos sido.
 

Marcelo Zamora, 24 de noviembre de 2014

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