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Peregrino

La soledad no podría ser un problema para alguien como él…

Publicado: jueves, 12 de noviembre de 2015

Peregrino. La soledad no podría ser un problema para alguien como él…

Allí van sus pasos, pisando dolores antiguos, bajo el sol brutal del mediodía. La soledad no podría ser un problema para alguien como él. Mirar atrás qué podría ofrecerle más que las mismas disputas absurdas de siempre y toda esa insoportable banalidad… desde la frivolidad no hay perspectivas más distantes que continuar los designios de la discrecionalidad de algún gurú de turno.

En cambio su alma había adoptado un propósito y nada es más poderoso que el amor empujando hacia un destino. Parece un contrasentido que aquellos que parecen vivir la gran vida están muriendo, secándose entre egoísmos y carreras por propiedades que la muerte le ha de demostrar que nunca fueron suyas… y que aquel que pareciera estar muriendo entre las miserias de la humanidad sin más certidumbres que la paz es la esperanza de vida de la especie.

Frágil su carne, invencible su alma, infranqueable su convicción, arriesga todo por llegar a esa escuelita en medio del infierno… él ha visto esas almas pequeñas que esperan su llegada por un día más de esperanza…  y entonces arrodillarse no le pareció suficiente y tuvo ese maravilloso insight donde comprendió muy bien que las sonrisitas y el amor de aquellos que penden de un hilo es todo lo que importaría desde ese momento y para siempre entre tanta insania…

Nadie los ama como él… por nadie es amado como por ellos… y el amor lo hace fuerte, lo unge de gracia, lo lleva donde sus pares no irían…

Ser luz en medio de la oscuridad corean juntos y alaban a un silencioso Dios que los protege y desenvuelve una pequeña porción del Cielo en la tierra… Un oasis de Amor en medio del desierto de estos tiempos de posesión e indiferencia… Un regalo de Dios para todos los que se animen a  acurrucarse alrededor de ese humilde fogón…

Mantener esas lucecitas requiere de un sacrificio único, tal vez irrepetible… de la comodidad de atender pacientes dispuestos a pagar suculentos honorarios a entregar la vida por otros hay una distancia que sólo se puede medir en la fe.  Ser médico no alcanza allí, hay que ser maestro,  ser cocinero, traductor, psicólogo,  confesor, ecónomo y hasta albañil…

Una escuelita es la única ventana al mundo entre las casitas de chapa y las angustias de la pobreza, los silencios de la exclusión que son perturbados por la cumbia y los tiros… una piecita improvisada de consultorio, sala de juegos y confesionario de madres llorando hijos arrebatados por el paco o las balas de la maldad que se esconde allí donde no llegan los brazos de la ley. Allí donde mueren de vergüenza las estadísticas de los despachos de la corrupción… Allí donde el dolor se va ganando las almas para la impiedad y las va apagando poco a poco sumergiéndolas en vicios para sobrellevar la infelicidad de carecer de todo y sin poder explicarse ninguno porque les ha tocado a ellos tanto infortunio y a otros tanta suerte…

Allí van sus pasos, pisando dolores antiguos, bajo el sol brutal del mediodía. La soledad no podría ser un problema para alguien como él… ya que no va solo a ninguna parte, tampoco podría pesarle el esfuerzo sabiendo lo que está haciendo… Alguien más poderoso que cualquier malicia lo protege y guía sus pasos cada jornada gloriosa e increíble de heroísmo y nobleza extraordinaria…

Dos señoras en la vidriera de un bar tradicional de la ciudad donde tomar un café se paga lo mismo que el almuerzo de mucha gente  en su aburrimiento ocioso se preguntan cómo andaría Dios si caminara un rato por la ciudad…  y allí lo ven pasar apurado a tomar el colectivo que lo lleve al Cielo que le ha sido concedido por entregar Amor a tanta gente abandonada a su suerte, en las afueras de la institucionalidad…  Una de estas señora lo conoce de pequeño, y cree que él desperdicia su vida… la otra se queda en la trivialidad de su vestimenta…

Pobre gente… no la que a diario es rescatada por este humilde gran hombre con su sacrificio de amor viviente… sino que pobre gente toda aquella que aún cree que puede haber alguna felicidad, alguna realización, alguna plenitud en poseer… lo que se posee, tarde o temprano se lo pierde, sea por la desidia, la mala fortuna o por el llamado ineludible que todos tenemos a volver a la tierra… No hay trascendencia en la fortuna, sólo herencia…

Si hay Trascendencia en el Amor… Lo que se ES, es lo único que da felicidad, y eso lo sabe quién AMA, porque EL AMOR HACE QUE EL OTRO SEA y cuanto MÁS SE DA, MÁS SE RECIBE, no en la medida de lo que la avaricia entiende, sino en la multiplicación que sólo el Amor es capaz de despertar y explicar… El que Ama jamás está solo… porque al darse recibe más de lo que entrega… y al estar siempre llevando su vida a la de otros para que estos también vivan, su vida se multiplica y trasciende para que luego quienes han recibido hagan lo mismo y lleven lo mismo a tantos otros… y ese sacrificio acaba siendo si se comprende, un costo muy bajo,  porque anima nada menos que la multiplicación del Amor, fuente de toda plenitud, felicidad y alegría.

Ver al peregrino me recuerda que para el Amor, sentido de nuestra existencia, el tiempo es poco, y el camino es largo y trabajoso pero así son “las cosas de Dios… hay alegría aún en la dificultad…”(*) y tanto Cielo como Infierno se desatan en la tierra misma de nuestros días, en medio de la Humanidad toda, según los valores que podamos abrazar.

“Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado.” (Doctor Esteban Laureano Maradona)

Inspirado en la fructífera vida del Doctor Esteban Laureano Maradona y tantos misioneros que la fortuna me ha hecho conocer que dan su vida hoy para salvar a otros de las garras de mal, que por negarlo, no deja de trabajar.

Marcelo Zamora,  12 de noviembre de 2015

“Muchas veces se ha dicho que vivir en austeridad, humilde y solidariamente, es renunciar a uno mismo. En realidad ello es realizarse íntegramente como hombre en la dimensión magnífica para la cual fue creado.” (Doctor Esteban Laureano Maradona)

(*) Palabras del Padre Juan Ignacio.

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