Pampero. La Belleza. Marcelo Zamora, Escritos
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Pampero

Desde niño me ha fascinado el pampero

Publicado: jueves, 27 de octubre de 2016

Pampero. Desde niño me ha fascinado el pampero

Apenas detrás de este mirador la ciudad bulla moviéndose presurosa a ninguna parte todo el tiempo. Algunos pescadores pegaditos a la orilla buscando el sustento. A lo lejos el puente se pierde entre el smog y la primera bruma del atardecer.

El viento del sur a mis espaldas. Seco. Intenso. Declarando que algo más de invierno quiere ofrecernos, aunque este dure no más de una noche… capaz lo hace de puro malevo…

Debería apreciar más la humedad de mi tierra… pero por alguna razón que no logro desentrañar desde niño me ha fascinado el pampero… ante todo en los primeros momentos… cuando viene arrastrando las nubes hacia otros suelos…

Solía escaparme cerca del arroyo para sentir su arrecio en la cara y el pelo… y sentir que era como Gilgamesh en esa historieta del Eternauta que me había prestado mi amigo Roberto. Aquel héroe mítico viendo por encima de las cortinas de los tiempos… Y así me quedaba observando el horizonte… soñando esas historias de sumerios…

En aquel entonces mi barrio de la infancia era un inmenso campo con algunas pocas casas y a lo lejos no se diferenciaba donde era tierra y donde era cielo.

Observar los inmensos eucaliptus danzando como si estuvieran de festejo, el sonido de las ramas crujiendo… y las hojas sujetando el aire helado… como queriéndolo guardar para enero…

Garzas blancas, gigantes… planean y me quedo entumecido de tanto contemplar sus vuelos… ¿Por qué habría llegado a la existencia en esta forma sin alas quien pierde su mirada en el cielo…?

Pampero… siempre preguntándote de donde traerás ese aire tan limpio… tan puro…

Pampero… siempre soñando con ser uno de esos seres capaces de surcar tus vientos…

Pampero… que te silenciás en la noche volviéndote dócil como si fueses una brisa del este de febrero…

Y vuelvo a esas noches que en la bicicleta me iba a apreciar lejos de las luces de la ciudad las estrellas y la inmensidad misma del universo… solo ahí observando esas perlas en el cielo… infinitos destellos… imposible querer volver a la luz amarillenta de la calle y mi habitación con tanto desvelo…

Vuelvo del tiempo, y a la distancia las islas verdes de monte, de delta, de humedal, de vida… y de sueños…

Me extravío en la infinita belleza de este instante… claro como sus ojos… como sus palabras… alma hermosa que me sorprende con su dulce compañía… y como no hacerlo… como no invitarla a mi recreo… Si apenas saber quién es y pareciera que hubiesen sido siglos de haber compartido senderos…

El mundo corre como loco… pero mi ser se queda aquí suspenso de tanta belleza, de esta Creación increíble que disfrutan una tarde más mis sentidos y todo mi cuerpo… Y esta alegría de saber su nombre… esta fortuna de poder hablarle con la sonoridad de los sueños…

Marcelo Zamora, 27 de octubre de 2016
 

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