Nací en Otoño. La Vida se Abre Paso. Marcelo Zamora, Escritos
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Nací en Otoño

A esta libertad pobre y castigada pero mía

Publicado: sábado, 21 de marzo de 2015

Nací en Otoño. A esta libertad pobre y castigada pero mía

Nací cuando los árboles comenzaban a devolver a la tierra lo que les había sido prestado en primavera y verano, cuando el otoño era frío y lluvioso, cuando tras pasar las nubes el viento del sur se hacía respirar frío y seco.

Nací con el amarillo y el marrón brillando al sol… con el celeste infinito en el cielo y el crujido de las hojas al caminar, nací viendo como en el orden universal nada es propio y todo en algún momento se devuelve…

Y por un tiempo viví temeroso de presenciar lo mismo que vi al nacer, en una contradicción imposible de resolver donde amar y anhelar el otoño era opacado por el temor a perder lo que la primavera y el verano de la vida me venían dando…

Nací a pocos días del mayo francés, en un año en que el mundo fue marcado por rebeldías juveniles, uno de los últimos intentos que la humanidad diera contra la opresión del consumismo y del autoritarismo del estado… Nací sin saber que mamaba libertad e invadía mi sangre esa fuerza misteriosa que me llevara a tantos lugares rastreando las grietas de vida que aún quedan en este mundo atestado de monotonía y sinrazón.

Nací cuando la vida engaña pareciendo que se va pero sólo se recubre para esperar otra primavera. Y con mis primeros pensamientos estuvo la evidencia de la vida capaz de continuar allí donde creemos que ya no volverá, abriéndose paso hasta en lo imposible como lo haría en Chernobyl…

Nací y crecí en calles silenciosas, con la pampa inmensa e inconmensurable vistiendo un hermoso dorado al llegar el invierno y el sol hundiéndose en los confines del horizonte con todas sus gamas de naranjas y rojizos tras los añejos montes de eucaliptos y el aire frío en la cara…

Nací en otoño y aprendí con la madurez a amarlo sin temores… sin temor a las inundaciones, sin temor a la fingida muerte de las caducifolias… sin temor a lo que tuviera que perder, porque hay un momento en la vida de un hombre donde los días vividos, son días ganados y andar con miedo sería perder el precioso tiempo que queda para cumplir con la misión que ha adoptado…

Nací en otoño, y supe perder todo y volver a empezar, una y otra vez, con cada primavera de la existencia, esperando paciente en los duros inviernos de los tiempos de aprender… para poder regocijarme en los veranos de la prosperidad venidera.

Otro otoño más a esta vida anónima… pero mía. A esta libertad pobre y castigada pero mía… A estas letras que pocos aprecian pero que mi alma expira para quien sea que pueda hacerlas suyas para emocionar su corazón o despertar del letargo su substancia.

Otro otoño y tantos pendientes por enfrentar, tantas esperanzas para alguna próxima primavera que pueda allá a lo lejos o aquí nomás despertar.

Otro otoño pero sea este tan especial, donde la Creación ha querido regalarme, tal vez sabiendo cuanto me importa, un viento sur frío y seco, viajando desde el polo a estas tierras cálidas del Litoral que son mi tierra, mi vida, mi lugar.

Nací para hacer esto, que no se cuan bien lo haga pero que entrego con una irrenunciable autenticidad.

Marcelo Zamora, 21 de marzo de 2015.-

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