Mi lugar. Asi en la tierra como en el cielo. Marcelo Zamora, Escritos
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Mi lugar

Publicado: viernes, 17 de agosto de 2012

Mi lugar.

Este es un breve agradecimiento a todos aquellos y aquellas que hoy o en algún momento de la vida han sembrado el germen de la fe en mi vida.

Al llegar a aquel lugar sabría al instante que era mi lugar, mi imposible lugar… el espacio soñado cuando disfrutaba de la bendición verde en mi barrio de la infancia... cuando llegaba el invierno y el pampero me hacía inventar tierras distantes, mágicas, hermosas…  campos dorados custodiados en la lejanía por aquellos gigantes y ondulantes verdes de elegantes sombreros blancos e inalcanzables…

Cuando la Cruz del Sur iluminaba el firmamento frío en las cercanías del Arroyo Ludueña y mis sentidos se perdían en la inmensidad del Todo…

Cuando el aroma inconfundible de la maleza pampeana sacudía la monotonía del llano inconmensurable.

Un derrotero de espacios vividos y perdidos… un universo de vacíos rellenados por la desesperada búsqueda del Algo en medio de la Nada. Pasaron los héroes y sabios, los titanes de las bibliotecas…

Pasaron los años y las vidas… pasaron los sueños y los desengaños… pasaron los rostros felices y las miradas tristes… pasaron los dueños de todo, soberanos de nada…

Pasaron los delirios de grandeza y en medio de una rutina que me devoraba y me hundía en las aguas turbias y tramposas de la mediocridad…

Pasó todo… quizás lo mejor ya se había ido pensaba desde aquella chatura vivencial… en cierto sentido era cierto… pero no todo es lo que parece, ni parece que se pueda sellar nunca un final por más certidumbre que tengamos del mismo.

Amando a la mujer equivocada, viviendo un automatismo inesperado, caminando pasos ajenos con mis propios pies… empujado por la incredulidad… devorado por las derrotas continuas y ensordecedoras… quebrantado por la imperturbabilidad…  Arrodillado a mi propia insensatez… Arrastrado por el deseo del otro… entre la confusión y la apatía… llegaría la verdad, como siempre suele suceder… y digo esto porque me da la impresión que afanarse en su búsqueda suele ser más desatinado de lo que se pueda tolerar… pues si algo revela la verdad… no todas… pero si muchas veces es ese tipo de momentos en que ya nada se pueda hacer más que aceptar que se ha perdido aunque más no sea la soberbia de pretender hallarla por propio método o voluntad…

Como buen hombre absurdo, en el sentido en que Camus definía esta figura… abracé la mujer equivocada, quien no abraza la mujer equivocada alguna que otra vez…  la abracé porque estaba feliz… sentía aquello que sólo había sentido hacía unos cuantos años atrás al nacer mi hijo… había hallado tardíamente mi lugar… y lo seguía ignorando en la conciencia, más el impacto allí donde me desconozco era tremendo… el día amanecía otra vez dentro mío… y si bien no estaba preparado para abrir mis sentidos al sol… la energía inconfundible de la vida volvía a arder en mis desiertos.

Con su frialdad que antes para mí era su más hermosa virtud…  así respondió ella… no la culpo, no había forma de saber lo que sucedía. El problema radicaría en que ya no necesitaba esa frialdad… tal vez porque ante la Verdad, ya no eran necesarios los escudos ni deflectores del  afecto… ni ella, ni yo lo sabríamos por un buen tiempo…  de hecho yo no lo sabría quizás nunca, al menos hasta estar tan lejos como para verla partir.

Ese, mi lugar… propiciado por la geografía exacta de mis ensoñaciones… desde ya que no era un lugar físico… poco a poco ese espacio se expandiría dentro de mi ser y me llevaría por senderos, algunos felices, otros dolorosos, otros misteriosos… ninguno de manera alguna sencillo no está de más decirlo…

“Tiempos de aprender”, parafraseando al gran músico y poeta.  Tiempos de recogimiento…  tiempos de luchas, tiempos de añorar la ignorancia, de desesperar por volver al trance de la vulgaridad…

Tiempos de alejar tentaciones, tiempos de enfrentar las peores perdiciones interiores… tiempos que cuanta vez que la caída en la soberbia me hacen creer que se hayan sucedido… abren situaciones donde mostrarme que no hay horizonte que se pueda alcanzar…

Tiempos en que el refrán “nunca digas nunca” cobra una vigencia increíble…

Tiempos de agradecer, a veces a personas que hace rato se han ido… pero han dejado esa semilla para que este día pueda hablar desde este tránsito hacia mi lugar…

Esta noche, alguien en Facebook me envía fotos de ese lugar… donde comenzara un tiempo diferente, este tiempo… y…

No pude evitar ir a ver esas fotos de la Iglesia Jesuítica donde la Piedad se derramó sobre mi atestada existencia… con la misma e involuntaria fuerza con que se extendieran mis lágrimas sin comprender de manera alguna que estaba sucediendo…

Pena llevara tanto tiempo y tantos golpes doblegar la omnipotencia, la autosuficiencia, la imbecilidad.

Pena que lleve tanto tiempo aún…

Pena haberme impuesto a mí mismo un pozo tan brutal como aquel donde apresaran a Jeremías…

Pena no haber aceptado desde un principio la Verdad y la Vida.

Gracia, sin embargo, la de poder hoy remontar mis perdiciones, pudiendo escalar desde lo profundo de las caídas…

Gracia… de contar ahora con la certidumbre que nada está dicho más que la Voluntad de Aquel que hace nuevas todas las cosas.

Marcelo Zamora 17 de agosto de 2015

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