Lo que me enseñaron las nubes. La Belleza. Marcelo Zamora, Escritos
ContemplarContemplar. Al contemplar recuperamos nuestra esencia perdida y volvemos a lo que somos, porque somos naturaleza...
La bellezaLa belleza. Serie temática sobre diferentes manifestaciones de la belleza
La vida se abre pasoLa vida se abre paso. Serie Temática. A pesar de todo lo que hacemos, la vida sigue avanzando...
EscritosEscritos. Escritos cortos de Marcelo Zamora
Lo que me enseñaron las nubes en PDF

Series Temáticas » La Belleza » Lo que me enseñaron las nubes

Lo que me enseñaron las nubes

La contemplación y el retorno al interior

Publicado: sábado, 23 de julio de 2016

Lo que me enseñaron las nubes. La contemplación y el retorno al interior

De chico me fascinaron las nubes… esos cielos profundamente celestes y limpios de enero… donde alguna nube blanca, inmaculadamente blanca, se interponía entre mi rostro y el sol, sólo por unos momentos para seguir su destino.

O esas nubes tan delgadas como la agüita que vuelve al mar después del rompiente… O esas nubes que dibujan montañas en el horizonte.

Hermosas, cambiantes, inspiradoras para la imaginación de cualquier niño o cualquier persona que aún tenga la capacidad de contemplar la belleza donde sea que a esta se le antoje posar…

Con la edad aprendí que la niebla eran las nubes descansando en el suelo… y así pude saber cómo sería estar dentro de una nube… cosa que por lo general sólo los pájaros pueden experimentar.

Esos nubarrones negros al sur anunciando tormenta… o las azuladas avisando que viene el pampero por detrás y que hará frío… o esas que parecen caerse del cielo como si fuesen matelasse del cielo…

Podría enumerar compendios de formas de nubes, formas de moverse en el cielo, alturas y dimensiones que parecieran tener desde el suelo… Pero de eso de haber tantos expertos como almas y ojos curiosos en el mundo, y definitivamente no es el motivo de este escrito.

Yo creo que ningún conocimiento es inútil, que toda observación de la naturaleza, de la vida, de los hechos y de los tiempos, en algún momento se entrelaza de manera tal que se fusionan en una nueva idea, concepto o entendimiento.

Entonces…

Las nubes me enseñaron que debo alejarme de aquello a lo que deseo encontrarle una forma. 

Si estoy muy cerca no podré percibir su forma completa. Cuanto más nos acercamos a la nube, algunas personas ahora lo hacen al volar en aviones, menos podemos saber de la forma de la nube.

Y díganme si esto no sucede en otros ámbitos de la vida…

Si estoy muy cerca de un objeto, este parece inmenso, y los detalles de esta cercanía me terminan ocultando la forma completa del mismo.

Si estoy muy cerca de alguien creo conocer a esa persona pero no la conozco en su forma completa… sino y solamente en el aspecto que nos relaciona y me confunden deliberadamente los detalles de esa cercanía…

Seguramente he de conocer aspectos de ese objeto o de esa persona que de otra manera desconocería y que sólo se pueden conocerse en la proximidad…

Pero las nubes me enseñaron algo más importante… por que las nubes no son más que gotas de agua diminutas en solución de dispersión o agua en estado gaseoso… vapor… y si yo me pudiese acercar como sucede cuando hay niebla… sólo vería gotitas dispersas, sólo percibiría la humedad con mi tacto…

Sin embargo la nube, a lo lejos… tiene una forma… y esa forma me enseña inesperadamente sobre mí mismo…

Porque cuál test de Rorschach de la naturaleza, las formas que veo en las nubes, me hablan desde ese lugar donde soy sin conocerme, donde soy quien desconozco que soy…

Las nubes me enseñaron al contemplarlas lo que hay en mi interior pugnando por abrirse camino a la superficie y aún no he logrado liberar…

Todas esas formas que descubro en ellas, son las formas de mis tesoros y miserias más profundos. Son las formas de lo que soy donde no sé lo que soy…

Las nubes me enseñaron que el camino más corto al interior es la contemplación de la Creación.

En la admiración de la belleza propia del universo, cuando en la noche mi pobre vista se extravía en la inmensidad del firmamento, en las inabarcables posibilidades de vidas, mundos e historias en esos inalcanzables horizontes que desde este pedacito de materia se ven como luces lejanas y diminutas…

En esa dimensión de mi ser ante la percepción de lo ingente del Todo… Descubriendo la profundidad del celeste a la hora del cenit…

En ese recorrido de posibles vidas y sueños que cada nube me hace imaginar con su imprevisible, fugaz y hermosa diversidad de formas, luces, sombras y colores…

Las nubes cuando era poco más que un chico me enseñaban en el silencio de la pileta de una tarde soleada de verano cuanto hay más allá de lo que mi escasa inteligencia pudiese aprehender… de lo que mi cautiva imaginación pudiere inventar al observarlas…

En esas invenciones fantásticas y placenteras, juegos de la mente y el alma para habitar más allá de lo que la humillada carne nos permite… En esos momentos donde la libertad aparece y quedan como suspendidas en la nada todas las limitaciones del tiempo y del lugar en el que sea que estemos y pareciera que logramos salirnos de todo e irnos adonde nuestras almas más deseen hacerlo…

Y todo eso que aflora cuando en la contemplación me dejo arrastrar vadeando las barreras de la lógica y la razón… eso es lo que soy, lo que cada uno es si se permite la osadía de desafiar la dictadura de la sociedad y se permite un momento a solas con el Todo.

Las nubes me enseñaron que la soledad solo es mala cuando uno no sabe aceptar quien es.

Correr como locos por cosas que quedaran en este mundo y serán herrumbradas por el tiempo… atiborrarse de obligaciones para no enfrentar ni por un segundo la condición real del alma, que por desconocimiento o temor se llama soledad más no lo es, porque en la Contemplación uno logra volver a su lugar, a sentirse lo que realmente es, es decir parte de un TODO inapelable, increíble y precioso, único e irrepetible…

Las nubes me enseñaron que a veces el Creador nos regala una oportunidad de saborear el universo mismo pero que por no quedarnos quietos y en silencio por un segundo, muchas veces la dejamos pasar y nos convencemos que la vida es la carrera de los locos por acumular al punto de morir a causa de eso…

Las nubes me enseñaron a valorar el tiempo…

Cuando creo que lo gano, es probable que lo esté perdiendo, porque eso que gano seguro no es tiempo para el alma y me lleva a ningún lugar…

Cuando creo que lo pierdo… es probable que lo esté ganando, porque adelanto pasos en el viaje más largo que quizás en esta vida cada uno deba encarar… y que tal vez perdiéndose en las formas increíbles y bellas de las nubes, mucho antes pueda despertar del letargo y embrutecimiento al que nos somete un mundo que teme que podamos parar y darnos cuenta que la vida está mucho más allá de lo que él nos pueda dar…

¿Cuándo fue la última vez que viendo las nubes pasar te pusiste a soñar?

Marcelo Zamora, 23 de julio de 2016



 

« ¿Te acordás de cuando descubrías el mundo? | Cuando amanece en el desierto »

Espacio patrocinado. ¿Cómo anunciar aquí?