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Lo escrito

Enlace de nuestras almas con los que jamás han muerto porque viven en sus textos

Publicado: jueves, 6 de octubre de 2016

Lo escrito. Enlace de nuestras almas con los que jamás han muerto porque viven en sus textos

Ese río que fluye desde la profundidad donde soy sin saber quién soy…

Hay muchas formas de alcanzar lo vedado en uno mismo… yo creo que el arte libera en el artista su vida más profunda, sus verdades más ineluctables, su habitante más intrínseco…

Es que cada uno de nosotros es mucho más aquello que no sabe que es… que lo que sí sabe o cree que es…

Y a través de lo escrito se puede enfrentar el espejo de lo que fue… y observar el pasado de una manera única y asombrosa resistiendo y desafiando a los propios hechos, dándole nuevas oportunidades al tiempo que se ha escapado…

Lo escrito no se pierde en la fugacidad injusta de la conciencia, lo escrito queda allí como a la espera de otro soplo remoto, resguardando entre palabras los mensajes cifrados de nuestras verdades más insospechadas…

Lo escrito nos trasciende, rebasa nuestras intenciones conscientes, habla de aquello que con la conciencia ni sospechamos que estamos diciendo... habla desde la autenticidad, habla más allá de los muros de los valores y consideraciones formales... ¿Acaso existe verdad alguna que pueda hablarse sino desde allí, desde lo que se es... ese lugar donde los disfraces de la razón son burlados y traspuestos violentamente?

Lo escrito habla del artista donde ya no puede hablar de sí. Si escribir deja de ser eso, es sólo mecánica, oficio de redactar, es más vacío que aportar a la desafortunada cadena de vacíos con que se inunda al mundo sumiéndolo en mentiras y frivolidad...
Por eso para el escritor da lo mismo ser leído hoy que en un siglo o en un milenio. Porque para el escritor es una extrema necesidad escribir como para cualquiera lo puede ser el amor o el sexo, un espacio de liberación involuntaria que se disfraza de voluntad, oficio e intenciones pero cuya energía proviene desde las profundidades de su esencia incognoscible a través de otro método. Un espacio que trasciende al literato y lo realiza, que lo crea y lo recrea y abre al otro una posibilidad de interpretación, lugares donde las vivencias hablan más que el conocimiento.

Lo dicho en la palabra escrita, no se puede remover, no se puede negar, no se puede alterar, y si bien habrá otro que sólo comprenda lo que su historia y su mundo le permitan interpretar, algo de esto dicho por el autor ha de subyacer siempre con la notable virtud de no poder exigir una respuesta, ni forzarla. Y sin embargo, aún sin exigir nada… consiguiendo siempre alguna reacción… en quien todavía esté dispuesto a ser. Porque como bien ha dicho Gabriel Marcel, el ser es el nosotros… y entre autores y lectores deviene el ser, en ese nosotros del encuentro de la intersubjetividad…

Lo escrito es el diálogo de los imposibles... las voces mudas que hablan… las clausuras que se abren… las vidas de las vidas… una tertulia más allá de los tiempos, más allá de la existencia y más allá de los rostros... Trasciende la carne y la sangre… remonta vientos y surca aguas… desafía a la muerte y se ríe del tiempo…

Y es así que allí está hablándome Camus en El Extranjero… Cervantes en el Quijote… Homero o quien haya sido en la Ilíada… y tantos otros que sería imposible enumerar en un milenio…

Y nos enlazamos las almas con los que jamás han muerto porque viven en sus textos… en sus esperanzas, en sus sueños… en sus conflictos y sus desvelos…

Lo escrito despliega las alas de todos los ensueños, las de todos y de todos los tiempos…

Lo escrito me lleva al cielo cuando los pies se me hunden en el averno, me lleva a mi pasado cuando voy olvidando de dónde vengo, me lleva al amor cuando me voy secando en el invierno, me lleva a tu alma que ahora me está recibiendo uniéndonos a todos con pensamientos, emociones y sentimientos. Rescatándonos de la frialdad y el mal que poco a poco nos va venciendo… entre rutinas y desasosiegos, dándonos coraje al revivir el valor de los que han contado las historias de su tiempo… brindándonos aquí y ahora la energía vital de nuestros ancestros, la virtud de cuanto ha sido creado por este animal extraño que somos… animal de pensamiento.

Lo escrito se lanza al océano de lo eterno… y al llegar a otra orilla, en las manos de quien quiera leerlo, lo que allí suceda ha de ser incierto… podría ser el principio de algo maravilloso o el final de algo que se venía destejiendo…

Lo escrito es la máquina que inventamos los humanos para viajar en el tiempo…

Marcelo Zamora, 6 de octubre de 2016

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