La travesía más larga…. Entre la fe y la razón (Fides et ratio). Marcelo Zamora, Escritos
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La travesía más larga…

Nos creemos gran cosa… pero el Universo allí ha de seguir inconmovible ante nuestra diminuta y fugaz llama…

Publicado: domingo, 1 de mayo de 2016

La travesía más larga…. Nos creemos gran cosa… pero el Universo allí ha de seguir inconmovible ante nuestra diminuta y fugaz llama…

Hay algo que muchos supieron desde un principio, que otros descubrimos con el tiempo y que para muchos más está vedado.


Un límpido y bello cielo azul, interminable, infinito… una joven mujer navajo corre en su ritual de recibir a la “mujer cambiante” en su ser… un río… la multitud se agolpa y espera paciente para ser bautizada por esa voz en el desierto… la nieve cubre las alturas del Himalaya y un simple hombre en calma… en ese silencio conecta con la eternidad…


Colores y alegría, cantos de esperanza, devoción y agradecimiento a la tierra que da sustento, vida en la aridez andina…


Un neurólogo en un laboratorio con un resonador y algunas sustancias radiactivas revela para la ciencia lo que tantos durante generaciones y creencias diversas han sabido sin necesitar prueba alguna…


La Fe todo lo cambia… tanto… tanto que hasta el mismo cerebro cambia… dejando huellos físicas cuantificables y registrables incluso para la ciencia fáctica…


Un camino largo en el desierto… el paisaje que es analogía de lo que la fe transita en cada alma… un recorrido hacia ningún lugar físico… un viaje difícil y lleno de cargas… un recorrido que es paso y llegada… porque cada movimiento en ese delicado tramo es lo que somos y nos alcanza…

 

La Fe todo lo cambia… porque la Fe sólo se hace tangible en la cosecha del Amor que podamos dar en cada circunstancia y entonces todo cambia…
Y el Amor, todo lo cambia… para quien lo acepta y para quienes le rodean… Para quien lo da como para quien lo recibe… para quien lo entrega con sus manos como para quien aún le falta… o incluso lo rechaza…


La Fe parece que se hace en ese inmenso desierto… donde podremos ir aceptando al recorrerlo que nada es casual ni nada podemos enfrentar sin aceptar nuestro lugar en el Todo que Todo lo abarca… ese desierto donde trituremos nuestra soberbia, nuestro orgullo, nuestra vanagloria, nuestra indiferencia, nuestra autosuficiencia, nuestro egoísmo, y todas y cada una de todas las miserias que nos minan el alma…


Nos creemos gran cosa… pero el Universo allí ha de seguir inconmovible ante nuestra diminuta y fugaz llama… Podríamos empezar por respetar la Vida, y a todo ser vivo… no tomando jamás más de lo que necesitamos… no tratando como cosas a todo lo que vive… tratando de aprender de cada ser viviente su sabia vida… como parte vital, única e irrepetible del TODO… Agradeciendo y cuidando a los que más nos dan, esos que nos dan su carne para calmar nuestro hambre… a los que nos dan su amistad o su ejemplo… y si pudiésemos aprender de los ancestros de nuestra tierra… comprenderíamos que cada uno de esos seres vivos… son manifiesto vivo del Amor Supremo que nos contiene y rebasa a la vez… Ese Amor Supremo que cada cultura ha de llamar, invocar y adorar desde su historia y sus palabras…


Allí donde hay Belleza… allí donde hay Vida… donde hay Amor… nuestro ser y el Ser que nuestra Fe desea alcanzar se hacen Alma… nuestra naciente Alma…


¿Por qué conformarnos con ser cosas cuando somos parte del Todo?


¿Por qué conformarnos con recibir cosas cuando se nos ha dado TODO en nuestra pequeñez?


¿Por qué conformarnos con anhelar cosas que pronto se degradan cuando somos llamados a TRASCENDER la carne, la sangre y el agua, la piedra, el metal, el aire y hasta el tiempo mismo…?


¿Por qué quedarnos atrapados en la mentira del Yo posesivo y solitario… de la carne humillada… cuando la Fe y el Amor nos pueden hacer parte del Ser que todo tiempo y todo lugar rebasa…?


Y allí veo corriendo a esa niña navajo nuevamente… y me emociona su fe, su hermosa confianza… su alegría… la generosidad con la cual se amplía su alma… y puedo ver a ese bautista en medio de la nada, voz en el desierto cosechando esperanzas… y puedo ver tantas otras figuras humanas llevando vida donde la muerte se consume todo sin piedad ni registro de la perspectiva de la existencia de TODO, de cada uno, de cada ser, de cada roca puesta para que tengamos un camino donde recorrer…


Una flauta elevando al aire profundas plegarias…


Y parezca o no absurdo, la travesía más larga es la que nos lleva de vuelta a nuestra propia casa… al Creador, al Amor Supremo (*) que nos espera con Amor, paciencia, y nos susurra palabras para que no perdamos la confianza…

Cansar los pies hasta hacerle entender a la cabeza que nada puede ser controlado ni poseído ni guardado, ni acumulado, porque no hay forma de salir vivos en la carne de esta carrera… y solo caminamos para encontrar la vida, en la Fe, en el Amor, para alcanzar en el gran rodeo de la existencia terrenal no sólo la Vida del Amor Supremo, sino también la Vida de nuestra propia Alma…

 

Marcelo Zamora, 1 de mayo de 2016

(*) Amor Supremo, Creador, sea cuál sea el nombre que cada uno desee darle… por alguna razón me abraza la certeza que cada cultura manifiesta desde su lugar y sus palabras la naturaleza del mismo Ser… y por eso, respetando profundamente cada creencia, sólo nombro eso que lo identifica para todos por igual... el Amor.

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