Fortaleza y vulnerabilidad. El Exodo de los Espíritus. Marcelo Zamora, Escritos
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Fortaleza y vulnerabilidad

Alma clausurada en auto indiferencia… difícilmente pueda brillar…

Publicado: lunes, 5 de diciembre de 2016

Fortaleza y vulnerabilidad. Alma clausurada en auto indiferencia… difícilmente pueda brillar…

Quien busque y luche por conocer sus debilidades, sus defectos, sus fallas, se irá haciendo libre, porque eso es la libertad… todo lo que uno pueda hacer a partir de la propia falibilidad…

Quien intente desnudarse a sí mismo en su fragilidad se irá haciendo fuerte, porque no existe fortaleza que se pueda construir ignorándose o eludiéndose a sí mismo, no hay baluarte que pueda construirse disfrazando la propia debilidad a los otros y mucho menos navegando aguas de autoengaño…

Quien aprenda a llorar, quien aprenda a perdonar, quien aprenda a olvidar y quien aprenda a rendirse en silencio ante lo inevitable podrá volver a empezar… porque para hacerlo hay que dejar siempre el tiempo atrás… lo que se arrastre del pasado será la cadena que no permita ir más allá de su propia medida…

Quien mire y actúe hacia el futuro vivirá… porque allí habita la esperanza para que sus hechos cambien todo aquello que hoy siente que está o fue tan mal…

Quien puede sentir en su corazón y su carne el dolor de los demás alcanzará la lucidez… porque sólo quien sabe de las penurias ajenas, sólo el misericordioso que se embarra en el lodo de las miserias humanas puede encontrar una respuesta o una pregunta para aquellos que hundidos en la vorágine del dolor no hallan camino para inventar un paso más allá. Y en ese proceso llegarán a su alma las respuestas que de su propia existencia no había podido jamás alcanzar mientras permanecía encerrado en la pequeñez egoísta de su ombligo…

Quien se abraza a grandes ideas sabe que estas se hacen de a pasos pequeños y cotidianos… no hay grandes cosas que se hagan sin paciencia, sin tiempo, sin sacrificios y sin la certidumbre que el beneficio será para otros que en un futuro podrán ver lo que hoy nadie puede ver…

Quien intente soñar sin perder la ilusión de alcanzar su destino debe saber esto y mucho más…

Todo lo demás se aprende como se aprende a caminar… tropezando…

Vida es cambio. Cambio es incomodidad. Son pocas las penurias que se pueden evitar….

Pero que sería ser humano sin todo este desafío… sólo carne vacía errando sin destino…

Es el riesgo que exige la aventura de buscar una verdad, de hallar momentos de felicidad, de encontrar la vibración, la prosperidad… es el riesgo de vivir en definitiva… y para vivir y sentir esa indiscutible propiocepción de estar vivo se debe ser algo más que sólo carne despreocupada y perezosa…

¿Acaso alguien puede concebir la unión sin antes conocer la soledad…?

¿Quién podría reconocer un momento de felicidad sin haber experimentado la congoja?

No importa cuanta miopía antepongamos a estos hechos… ellos siempre nos cambian los planes y derrumban cualquier quimera absurda que en con cobardía nos impongamos para escondernos e intentar ahogarnos en la comodidad de la muerte en vida…

Quien en definitiva pueda reconocer su fragilidad… empieza a encontrarse con la fuente primera de su propia movilización, de su acción y de sus sueños porque entiende que la única quietud posible está por fuera de la vida… porque la vida es movimiento, la vida es acción, la vida es idea, la vida es imaginación, la vida es proyecto, la vida es unión… porque si la vida no es por lo menos algo de todo esto, la vida se pierde en un andar sin destino y no se gana en un tránsito hacia algo… un opaco viaje de almas apagadas o adormecidas…

Alguien puede leer esto y pensar de una manera optimista o pesimista…

Lo que reciba de estas palabras será espejo de su propia alma…

Y se sabe que casi nunca estamos dispuestos a vernos a nosotros mismos…

Alguien puede ser feliz si deja de buscar serlo… La paradoja de la felicidad humana es que se la busca a través de la risa, el placer, el agrado momentáneo, la posesión o peor aún, forzando sentir lo que no se siente en un intento absurdo y desesperado por mostrar a otros una felicidad que en verdad no se tiene… la felicidad es un estado indescriptible que poco tiene que ver con los devenires caprichosos y engañosos de éxitos y fracasos… más bien, me parece, que se trata de momentos que se disparan a partir de la autenticidad que pueda tenerse hacia sí mismo… la felicidad al igual que la profundidad creo que son como destellos del alma… si esta no se abre al mundo y a los demás, si permanece enjaulada en los mismos senderos de siempre que inventan seguridades mentirosas… si es opacada por la cobardía de no amar… si es aplastada por las falacias de creer que el pasado fue lo mejor y ya no habrá nada con que salir… las únicas luces siempre estarán afuera…

Si por sostener esos muros que tapen nuestra vulnerabilidad nos convertimos en fantasmas patéticos que lloran aislados entre sus propias invenciones… Ensayos miserables para simular cuan felices somos mientras el vacío nos socaba… lo que relucen hacia afuera no hará más que ocluir hacia adentro…

Alma clausurada en auto indiferencia… difícilmente pueda brillar… Nadie puede ser feliz tiranizado por su propia oscuridad…

Por todo esto y mucho más que cada cual puede ir hallando en el camino… es fácil comprender que no hay comodidad que no se convierta pronto en una prisión.

Es por esto que considero que no hay forma de construir fortaleza alguna sino es a partir de la propia vulnerabilidad…

Marcelo Zamora, 5 de diciembre de 2016

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