El Ser es el Nosotros. Entre la fe y la razón (Fides et ratio). Marcelo Zamora, Escritos
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El Ser es el Nosotros

La única revolución posible es la de las conciencias...

Publicado: sábado, 21 de mayo de 2016

El Ser es el Nosotros. La única revolución posible es la de las conciencias...

Creía en un amor chiquito, volátil y de poca fortaleza… Sin embargo ya creía sin haberte conocido que el amor era la única respuesta…


Yo sabía que nada podía hacerse en este mundo sin Amor… y me daba la cabeza contra la pared todo el tiempo porque me quedaba solo creyendo en cosas que nadie más creía… o más bien nadie más que estuviese cerca siquiera en el tiempo pues había mamado esos ideales de genios ya muertos…


Me fascinaba en mi soledad y ensoñaba con la vidas de los próceres de la letra… y resonaban en mi alma las palabras de Gabriel Marcel, el Ser es el Nosotros… pero jamás, nunca jamás, me cruzaba con quienes siquiera compartir semejantes ideas… y en medio de tantas personas como siempre he estado, más de una vez liderando historias hermosas compartidas, siempre me faltaba algo y no lograba comprender que era… no sabía que faltaba pero siempre faltaba algo…


Y ensoñaba entonces grandes soluciones para la humanidad, nuevas ideologías que han de morir en mi memoria pues eran delirios de organizar todo desde otros enfoques que nadie seguiría… porque me preocupó desde casi niño la injusticia… y creía que se podía vencer la injusticia en el mundo hasta que la injusticia en mi propia vida se hiciera llaga…


Y a eso llamé soledad desde temprana edad… y ella fuera mi compañera más fiel y cercana y podía compartir camas, delirios, trasnochadas, alegrías, proyectos y hasta realizaciones con otras almas… pero allí se iba siempre mi alma a esconderse nuevamente en la nada misma…


Y sentía una profunda conexión con esas almas lejanas en el tiempo que habían forjado la música más bella de la historia, suertes de alabanzas que yo desconocía como tales…


Y sostenía casi enfermizamente que la única respuesta a todo estaba en cambiar la conciencia sin tener bien claro cuál conciencia elegir y así era zarandeado por las oleadas de las modas de los ideólogos de cada tiempo…
Tenía una fe inmensa mal enfocada en todo y en nada a la vez y no comprendía como la soberbia del conocimiento profundo que iba haciendo de cada corriente de pensamiento que la humanidad haya parido no me llevaba más que a sumergirme cada vez más en el extravío…


Perdía valiosas horas me decía alguna mujer que supo amarme… en conocimientos inservibles…


Y tal vez tuviese razón o no… como fuere… mi camino hacia el Amor era ese… y debía transitarse así, parirse así, como corresponde a un buen nacimiento, parirse con dolor…


Porque al fin y al cabo casi nada que no duela perdura en el tiempo…


No me arrepiento de un solo minuto de nada… porque llegar y que me recibieras desde este lugar que he venido lo hace mucho más fuerte, profundo y serio que de haber llegado desde la ignorancia o el descarrío…
Haberte conocido cuando ya he agotado casi todo, de Oriente a Occidente… y comprender que la respuesta siempre estuvo allí a mi alcance pero a la insalvable distancia que existe entre la mente y el Alma… me regocija de paz y me maravilla cada minuto que siguen pisando mis pies la inmensidad de tus gracias…


Llegar desde la nada y ser abrazado con tanta alegría por el Todo, por el Principio y Fin de todo, de Todo y de todos… es indescriptible cuando uno puede no solo sentirlo sino percibirlo en su Inmensidad…


Muchas veces siento que sigo avanzando en dirección opuesta a la que van muchos de los demás o casi todos… pero tu Presencia ya no permite que mi Alma lleve peso alguno de soledad y si amaba antes de conocerte los lugares silenciosos y distantes… hoy puedo comprender completamente a esos hombres y mujeres que se escapan lejos del mundo para compartir sus vidas lejos de todo y de todos…


Jamás están solos, y lo sé porque también lo siento, siento que jamás estoy solo… y entonces cuando estoy rodeado de personas a las cuales quiero siento la profunda y hermosa libertad de disfrutar esos momentos de encuentros y dar de mí lo que está a mi alcance para su felicidad sin esperar nada a cambio, poder alegrarse en la alegría del otro… y tomar con calma el pesar que se vive cuando el otro sufre… algo que no podía hacer… de hecho dejé una profesión para la cual me había preparado por cinco años con extrema dedicación… por no soportar el dolor del otro…


Y no es necesario comprender nada sobre lo que hablaba Marcel… porque si él lo hablaba es porque lo había vivido… y al vivirlo uno no necesita ni explicar ni entender nada… ya sabe de qué se trata…


La completud del Ser de la que hablaba Marcel… finalmente poder vivirla… supera toda expectativa y todo pronóstico porque no hay santidad alguna en mi limitado ser…


La Trascendencia, la Gracia que nos regalás… antes que me recibieras en tu Ser incomprensible me había sido siempre y hasta lo confundía con autoengaño…


En palabras, pobres las palabras que hacen más de muro que de canal… sólo puede decirse así…


El Ser es el Nosotros.

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