El Mito de la República Jesuíta-Guaraní. Asi en la tierra como en el cielo. Marcelo Zamora, Escritos
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El Mito de la República Jesuíta-Guaraní

Publicado: miércoles, 10 de marzo de 2010

El Mito de la República Jesuíta-Guaraní.

Los jesuitas se negaban a admitir "que los pueblos colocados bajo su dependencia se dieran a nadie en Encomienda" (esclavismo). Es decir arriesgaban sus propias vidas, en una lucha pacífica y silenciosa contra la esclavitud, el abuso, el exterminio, el gran genocidio que en América se dió de manera brutal e infame, sin que los grandes escritores y periodistas del mundo moderno, la recuerden y la rechacen como si lo hacen de continuo con el genocidio nazi a los pueblos judíos y húngaros de Europa Central."
La obra misionera de los jesuitas constituyó uno de los principales signos de identidad de la Compañía de Jesús. Esta iniciativa fue importantísima no sólo en virtud del elevado número de colegios creados, sino también por las peculiares características de las fundaciones. En estos establecimientos -tanto en China como en América-, los jesuitas se mostraron partidarios de un declarado sincretismo religioso, esto es, no tuvieron ningún tipo de escrúpulos a la hora de aceptar o adaptar ritos paganos con tal de llevar a los pobladores de dichas tierras la palabra de Cristo. La Compañía decidió respetar los particularismos religiosos con la intención de utilizarlos para el adoctrinamiento cristiano. Por ello, sus miembros recibieron múltiples críticas y acusaciones por parte de las otras órdenes religiosas, recelosas de los éxitos jesuitas."
Quizás para la Iglesia y para los reyes de esa época semejante despliegue de tolerancia por la diversidad fue el pecado más grave. Estos cristianos fundamentalistas de las enseñanzas de Cristo se dieron el lujo de respetar al otro como ninguna obra cristiana quizás lo haya hecho jamás, y si evaluamos las enseñanzas del cristianismo de la primera hora, esa era por así decirlo uno de los mandamientos morales más importantes...
Amarás a tu prójimo como a tí mismo... Claro está que para la Iglesia y los poderes de aquel tiempo, este mandamiento importaba mucho menos que las riquezas que representaban conquistar y explotar a los pueblos originarios y después de todo, quienes eran estos jesuitas para desautorizar al poder...
Fundamentalistas, eran fundamentalistas del amor, de la tolerancia, de la palabra de su Maestro... crucificado unos mil y tantos de años atrás por pretender simplemente enseñar otra forma de vivir y relacionarse con los demás... porque en definitiva, a quien hacía daño este Reino que prometía en cada uno de sus pasos y palabras... Se podría decir que perjudicaba los deseos inmundos de las instituciones que ejercían el control sobre la humanidad a través de un Dios de dominación, y claro... este Cristo... (lo veas como Dios o como hombre) vino a romper lo instituido hablando de un Dios de Amor. Cuál fue el delito tan terrible de la Compañía de Jesús... el mismo terrible delito pasible de crucifixión si hubiese estado aceptada esa pena... vinieron a predicar un Reino de Amor, cuando su misión era predicar una dominación para la posterior explotación de pueblos considerados inferiores... Quizás alguien preguntará porque me he metido en esta... Simple... por admiración! Tanta fe, tanta tolerancia, tanta entrega... digno de mi más profunda admiración... no estoy sinceramente ni siquiera a años luz de semejante grandeza... esos hombres... si que eran especiales.
Los jesuitas respetaban la organización familiar de los indígenas. Su lucha se centró principalmente contra la poligamia. Incluso a la hora de organizar las fiestas de los matrimonios, se respetaba el ceremonial tradicional indígena, practicándose posteriormente el ceremonial católico. Tras el matrimonio se les dotaba a los cónyuges de casa y tierra. Los jesuitas respetaban a los caciques y les daban acceso al cabildo de la reducción, que era la institución de gobierno con sus alcaldes mayores, oidores, etc. Este consejo se elegía por votación entre los recomendados por los salientes. Uno de los miembros del cabildo era jesuita.
También había un corregidor, nombrado por el Consejo de Indias. Existía un director espiritual jesuita y un director ecónomo de la reducción, con una legislación a todos los niveles, sin pena de muerte. La relación entre las reducciones era semejante a la de una confederación. En lo que se refiere a la forma tributaria de distribución de la tierra, ésta se dividía en tierra de Dios, comunal del pueblo, y las parcelas individuales de los indígenas.
La tierra de Dios la conformaban las mejores tierras, tanto agrícolas como ganaderas, y era trabajada por turnos por todos los indios. Los beneficios de esta tierra de Dios se dedicaban a la construcción y al mantenimiento del templo, el hospital y la escuela. Los beneficios de la propiedad comunal también se destinaban para pagar a la Real Hacienda y los excedentes servían para fomentar la propia economía.
Las parcelas individuales proporcionaban a los indios su sustento familiar, y si conseguían excedentes, éstos pasaban al silo común para ser consumidos en momentos de necesidad, o vendidos en situaciones de bonanza. Para evitar el absentismo, los jesuitas propusieron un horario de trabajo rígido, de seis horas laborables diarias, que era ciertamente cómodo si lo contrastamos con las doce horas que tenían que trabajar los indios en las encomiendas. Pese a la diferencia de horas, hemos de hacer constar que los rendimientos eran mucho más elevados en las reducciones que en las encomiendas.
Se recogían hasta cuatro cosechas de maíz; también cultivaban algodón, caña de azúcar, la hierba mate (que en el XVIII cultivaban los jesuitas, y se llegó a convertir desde principios de este siglo en el primer producto exportable hacia el resto de las áreas coloniales). También desarrollaron la ganadería, permitiendo a su vez la realización de trabajos artesanales (sobre todo, el cuero y su exportación).
Todos estos factores favorables impulsaron el comercio de las reducciones a través de las grandes vías fluviales. Como hecho significativo, cabe destacar que dentro de las reducciones no existía la moneda, sino que se practicaba el trueque. En el comercio exterior sí se utilizaba moneda, que se atesoraba para comprar los artículos que no se producían en la misión. Con su gran desarrollo, las reducciones guaraníes se transformaron en fuertes competidoras de las ciudades cercanas (como Asunción o Buenos Aires). En éstas, comenzó el malestar y el mito de las grandes riquezas atesoradas en las misiones. Llamaba la atención que comprasen artículos de oro y plata para magnificar el culto. Es posible que no sea del todo equivocado este mito porque existían conexiones entre las reducciones y los colegios jesuitas de toda América, y se sabe que los bienes de los colegios, seminarios y las tierras que los sustentaban pudieron ser comprados gracias al dinero de las reducciones. También se decía de los padres de la Compañía que mantenían circuitos de capitales y actuaban de depósito de muchos seglares. Iglesia de San Rafael, obra del P. Martin Schmid La situación estratégica de las reducciones, entre las posesiones de españoles y portugueses, se convirtió en tema peligroso y una de las causas de su ruina, porque las milicias de las reducciones eran un obstáculo serio para el avance portugués hacia el sur.
Durante el reinado de Felipe V, la monarquía apoyó a los jesuitas por estas razones. Pero lentamente los constantes choques de España contra Portugal y la necesidad de concretar los límites entre ambos países vieron en las reducciones un gran obstáculo. Los jesuitas esgrimieron su obediencia al papa, resistiéndose a aceptar los acuerdos entre Lisboa y Madrid. En 1750, en virtud del célebre Tratado de Límites de Madrid, impulsado por el ministro José de Carvajal, se estableció que Portugal devolviera a España la provincia de Sacramento a cambio del territorio cercano al río Paraguay, donde había reducciones con más de 30.000 indios. Los jesuitas se negaron a abandonar las reducciones iniciándose la guerra guaraní entre las tropas hispano-portuguesas y los indios, capitaneados por algunos jesuitas. La guerra no finalizó hasta 1756. Tras ella, las reducciones no volverían a recuperarse. Por entonces, la campaña de desprestigio contra los jesuitas estaba ya en marcha. Los padres de la Compañía fueron acusados de resistencia a la autoridad, por seguir las tesis políticas del P. Mariana sobre el tiranicidio. Recibieron múltiples ataques e invectivas de antijesuitas y regalistas, quienes les acusaron de querer acabar con el rey. A partir de la guerra guaraní, se desencadenó un momento muy crítico en toda Europa. En Portugal, el marqués de Pombal publicó la Relación abreviada de la República de los jesuitas, considerándoles abiertamente enemigos de Portugal (1757). Otra obra polémica que dañó considerablemente la imagen de la Compañía fue la Historia de Nicolás I, rey de Paraguay. Posteriormente, en España se extendió la idea de que los jesuitas habían sido los instigadores de los motines del 1766 y de que tenían el propósito de acabar con Carlos III para imponer a un monarca que mostrase total obediencia al Papa. El año siguiente, la Compañía de Jesús fue expulsada de los dominios españoles. Y en 1773 fue extinguida.
Quiero destacar de este texto los siguiente: Jornada laboral de 6 horas. Increíblemente avanzado incluso hoy día donde se explota a la gente como esclavos por un salario indigno. Este tipo de jornada había mejorado el rendimiento productivo respecto de las recomendaciones donde la jornada de trabajo era de 12 horas. El guaraní (guerrero) se había hecho un pueblo próspero y sin perder su identidad se elevaba como pueblo productivo y pacífico. El cristianismo ganaba en ese lugar lo que pocas veces había ganado que era el arte de la tolerancia y el respeto por la diversidad. El mundo asistía sin grandes teoría complicadas e irrealizables a una economía comunitaria, ejemplo de democracia y crecimiento... Pero claramente... esto era demasiada revolución, tanta revolución era que jamás fue signada como tal, o acaso algún libro de historia o teoría política, económica o social lo signa como Revolución...
El ser humano era respetado en estas comunidades, atendamos el hecho que cada persona trabajaba 6 horas diarias... y pensemos que en ese mundo los pueblos originarios, no sólo no eran respetados sino que además eran explotados, exterminados, oprimidos y abusados en nombre de un Dios que jamás podría asentir semejante barbarie... Quien quiera oír que oiga, dijo alguien... gran frase...

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