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El abejorro

Todo eso que damos por cierto sin enfrentarnos a la incomodidad de la duda es nuestro mayor obstáculo siempre…

Publicado: domingo, 14 de febrero de 2016

El abejorro. Todo eso que damos por cierto sin enfrentarnos a la incomodidad de la duda es nuestro mayor obstáculo siempre…

“Ha sido establecido científicamente que el abejorro no puede volar. Su cabeza es demasiado grande y sus alas demasiado pequeñas para sostener su cuerpo.
Según las leyes aerodinámicas sencillamente no puede volar. Pero nadie se lo ha dicho al abejorrro. Así que vuela.”

Desconozco el autor de esta lucidez… y si quien lee estas líneas es tan amable de indicarme quien es estaré muy agradecido.

La ingeniería increíble y maravillosa de la Creación está mucho más allá de lo que creemos los humanos desde nuestra soberbia razón… y como está mucho más allá… nos lo demuestra… alguna veces con belleza… otras tantas con dureza…

En el caso del abejorro lo hace con suavidad, hasta con dulzura, como apiadándose de nuestra ignorancia pretendiéndonos capaces de comprender las interrelaciones del todo y de todo… a partir de pobres fenomenologías que aciertan en la mayoría de los casos pero que en otros simplemente hallan su límite y su refutación…

Y en otros tiempos hubiese defendido el paradigma con un pensamiento de Albert Camus, tan crudo como gráfico acerca de la limitación del conocimiento humano… “Aunque humillada, la carne es mi única certidumbre”.
Pero hace tiempo acepté trasvasar el obstáculo epistemológico de la fenomenología y aceptar el riesgo del entendimiento del todo desde otros lugares, como lo hicieran tantas culturas originarias cuyos logros hoy nos sorprenden y maravillan por los avances logrados muchas veces torciendo los pasos de la razón con los “flaps” de la fe o la intuición.

Coincido plenamente, hoy, no sé si hace 10 años… pero si hoy con el pensamiento de Gregory Bateson que nos propone enfrentar nuestras convicciones más intocables, nuestras verdades científicas, familiares y lógico racionales desde lo sensitivo desatendiendo un poco lo reflexivo que nos lleva siempre por los mismos caminos a los mismos finales… porque es desde lo sensitivo donde podemos percibir cuando algo no cuadra… y eso que no cuadra es tal vez un error que estamos cometiendo pero posiblemente sea mucho más que eso, sea una grieta que estemos descubriendo en lo que creemos conocer, entender, saber y hasta sentir respecto a algo que damos por verdad en nuestra existencia.

Todo eso que damos por cierto sin enfrentarnos a la incomodidad de la duda es nuestro mayor obstáculo siempre…

Hace tiempo que ando tratando de capturar el vuelo del abejorro negro… es tan particular y mi cámara no ha sido lo suficientemente veloz para captar una toma decente por eso no he compartido foto alguna de tan increíble criatura que desde su humilde existencia nos desafía a bajar un poco las expectativas de sobrevaloración que tenemos acerca de nuestra razón… de nuestras certezas, de nuestro mundo perfectamente explicado y reproducido por el discurso oficial del saber.

El abejorro nos recuerda la incompletud de nuestra ciencia, de nuestro saber. Y tal como él, muchos otros hechos, seres vivientes y objetos del universo lo hacen… incluso culturas…

Tan increíble nos resulta que los egipcios construyeran pirámides que se las asignamos a extraterrestres que vinieron a ayudarles… y creemos hallar en esas maravillas de piedra las pruebas de contacto alienígeno… Para los teóricos de los antiguos astronautas parece que los seres humanos somos cercenados incapaces de ingenio o inteligencia alguna… y que todo nos los han enseñado seres de otros mundos…

Hasta que se creó en el Siglo XX el primer reloj atómico, el calendario más exacto fue el maya… y los conocimientos de astronomía que ese pueblo tenía sin contar con satélites artificiales, sin electrónica y sin siquiera telescopios… no dejan de sorprender… Conocieron con gran exactitud las revoluciones sinódicas (*) de la Luna, Mercurio, Venus, Marte Júpiter y Saturno. Algo que nuestra ciencia logró saber mucho después valiéndose de tecnología impensable para ese pueblo y ese tiempo en que se desarrolló su civilización…

Podría enumerar muchos otros casos testigos pero haría aburrida esta exposición de ideas… Y creo que lo que sucede es que desconocemos el funcionamiento de la Creación porque nos hemos decidido a negar su existencia y pretendemos suponer que todo se trata del juego inerte entre 4 fuerzas del universo… (Interacción nuclear fuerte, interacción nuclear débil, interacción electromagnética e interacción gravitatoria) Y si me permiten, mi pobre razón no alcanza para saber que hay más allá de esas fuerzas… pero volviendo a Gregory Bateson de la Escuela de Palo Alto… hay algo que no cuadra… eso me lo dice el pensamiento sensitivo… el reflexivo ya está dominado por la teoría que nos abarca y sofoca y nos deja fuera de la Creación, paradójicamente siendo que somos parte de ella…

Las 4 fuerzas fundamentales son una teoría muy fuerte hoy, con contrastaciones muy avanzadas… pero igualmente hay hechos que al menos hoy nos dejan atónitos como los cinturones de Van Allen que eran dos, siempre fueron dos… hasta que en 2012 la tormenta solar de Septiembre fue anticipada por un tercer cinturón, que no existía hasta ese momento y nadie aún ha podido explicar… Pasada la tormenta el 3º Cinturón desapareció… si… desapareció de la misma forma súbita en que apareció y no sé cómo decirlo para que no suene como esos informes amarillistas baratos de internet pero parece que nuestro planeta tiene un mecanismos para proteger la vida que se activa solo cuando se acerca una tormenta solar que podría freírnos de radiación…

Tal vez no conocemos bien del todo a estas 4 fuerzas universales… o tal vez pasen los siglos, los milenios y nuestras 4 fuerzas fundamentales se vean como los 4 elementos griegos (fuego, tierra, agua y aire) que componían todo lo existente y que luego descubrimos que eran al menos hasta hoy 118 elementos químicos…

Esta última analogía tal vez sea útil para empezar a mirar al Todo como TODO y no como partecitas que trabajan desde lo inerte como si la nada moviese las piezas en automático porque a nuestra lógica se le antoja que así fue hecho el universo…

Creo sinceramente que tenemos muy pocas ideas y mucha soberbia como cimientos… Miremos sino en la lingüística… para el pueblo mapuche la montaña es una ola de tierra y piedra, ese es el significado cultural que tiene… la tierra no es algo estático y duro, sino una ola…

Desde los griegos o antes hasta no hace tanto los terremotos eran problemas mal resueltos con los dioses porque no podíamos concebir ni siquiera lingüísticamente que la tierra fuese algo en movimiento como luego fuimos descubriendo al conocer la dinámica de las placas tectónicas…

En rigor, los mapuches desde sus orígenes tuvieron más claridad sobre cómo funciona la Tierra que los conquistadores con sus armas y poder…

El abejorro no puede volar… y es por eso que nosotros no podemos volar…. Porque somos como abejorros con oídos para escuchar lo que podemos y no podemos hacer según el orden instituido…

Existe como siempre con todo orden de creencias, una dictadura del saber que indica que cosa es o no aceptable en el pensamiento humano… Así lo relatara brillantemente Paul Feyerabend escribiendo un diálogo que se pudiese dar entre un astrónomo y un astrólogo, desnudando en ese devenir de justificaciones las numerosas y graves falacias del conocimiento positivo o científico y su capacidad de cerrar líneas de acuerdos desoyendo otros saberes, que también se construyeron a partir de consensos entre ilustres gurúes de la verdad aceptable…

Como dice la frase con la que inicié estos pensamientos… el abejorro vuela porque no puede escuchar nuestras razones… si las escuchara moriría de hambre en el suelo… y de seguro sería profundamente infeliz…

Sin embargo, para su fortuna, no conoce nada de nuestra razón, de nuestro saber y vuela sin siquiera reparar en nuestras calificaciones y categorizaciones sobre los seres vivos, la aerodinámica y las condiciones que nosotros decimos que tiene que tener algo para volar…

La Creación parece ser mucho más que química ordenada aleatoriamente y evolucionada por ensayo y error y por supervivencia del más apto… el pensamiento sensitivo nos dice que hay algo más aunque admitir esto sea mala palabra o políticamente incorrecto…

Convengamos que al ver al abejorro nos cuesta creer que tanto cuerpo y cabeza vuele sobre esas alas tan delgadas y delicadas… pero por algo es así este insecto… algo tiene para explicarnos o decirnos con su existencia…

Está en cada uno entonces… ser el abejorro que vuela… o el que le pregunta a la aerodinámica humana porque no puede volar…

Marcelo Zamora, 14 de febrero de 2016


(*) (Período sinódico es el tiempo que tarda un astro en volver a aparecer en el mismo punto del cielo respecto del Sol, cuando se observa desde la Tierra. Este periodo tiene en cuenta que la Tierra, lugar desde el que es observado el objeto, también orbita en torno al Sol.) 

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