¿Dónde quedará mi tierra prometida…?. La Belleza. Marcelo Zamora, Escritos
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¿Dónde quedará mi tierra prometida…?

Quien sabe cuando llegue el llamado…

Publicado: domingo, 21 de febrero de 2016

¿Dónde quedará mi tierra prometida…?. Quien sabe cuando llegue el llamado…

Vaga mi alma por el desierto… y no me quejo…. No ha faltado agua en el viaje en ningún momento… pero sólo me pregunto al ver las cálidas cabañas en esos bosques verdes y brillantes… ¿Cuál de esas será mi cabaña en el lago al pie de la montaña…?

No todos llegamos... Si incluso algunos célebres personajes no llegaron jamás a su tierra prometida… o sólo la vieron de lejos sin poder saborear su agua… sin poder embadurnar sus dedos en su fango… sin poder sentir los azahares de sus cítricos… sin poder escuchar el sonido maravilloso de las aves en las copas de los árboles…

Quien sabe cuando llegue el llamado… tal vez mi tierra prometida fue mi hermoso barrio de la infancia y adolescencia… y ya no disfrutaré con mis pies el césped húmedo de la mañana…

Injusto… ¿Quién sabe?... Más injustas deben ser otras cosas de seguro.

Triste… Para nada… he vivido vidas muy felices como para balancear los días malos…

Deseoso… de seguro que sí… porque me cuesta resignar mi naturaleza de aventurarme a inventar mundos nuevos y hermosos donde compartir…

Algo de desazón a veces… es frustrante conocer el alma más bella y no poder acercarse al cuerpo que la encierra…

Después de algunas vidas vividas… ¿Dónde quedará mi tierra prometida…?

Después de algunos sueños hechos tiempo… ¿Dónde quedarán mis días de gloria…?

Después de algunos oasis disfrutados y perdidos… ¿Dónde habré escondido la semilla que eleve bosques de esperanzas…?

Tanta belleza en el mundo que me costará mucho dejarlo cuando deba hacerlo… tan hermosos tus ojos negros que me cuesta no sumergirme en ellos…

Tanto amor en el mundo a pesar de lo que todos dicen y creen que me costará no extrañar cuando deba dejarlo… tan bonita tu alma que me cuesta no reparar en ella o tratar de engañarme a mí mismo diciéndome que no debe ser cierto…

Tantos mundos en el mundo que siempre me costará mucho frenar esta curiosidad bendita de querer conocerlos todos… tan dulce tu sonrisa y contagioso tu entusiasmo que me cuesta mucho verte lejos…

Tus manos sencillas anudan con dulzura un moño sobre el cabello de una de las tantas niñas que te esperan ansiosas…

Tus pequeños pies llevan Palabras de Esperanza donde el vacío reina y domina…

Tus aires ingenuos de atuendo naif llaman al niño que nunca murió dentro de mí… y liberan con él un sinfín de argumentos ridículos y ensoñaciones desatinadas pero encantadoras…

Estas pobres líneas de alguna manera son el manifiesto sobre el misterio y la fascinación que causa tu ternura en mí…

Algo cierto aunque no permanente he de confesar… cada vez que nos cruzamos… No han faltado, ni faltan ocasiones… en que encuentro en tu mirada mi tierra prometida…

Marcelo Zamora, 21 de febrero de 2016

« Despertó entonces el hombre con la sonrisa de la mujer | Cuando amanece en el desierto »

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