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Autenticidad

La paz sólo está en ser uno mismo, en contemplar, en el amor y la autenticidad con los que aún seamos capaces de vibrar

Publicado: miércoles, 14 de diciembre de 2016

Autenticidad. La paz sólo está en ser uno mismo, en contemplar, en el amor y la autenticidad con los que aún seamos capaces de vibrar

No hay muchos secretos para vivir en paz y hallar con frecuencia momentos de felicidad. Pero los seres humanos parecemos muy insistentes en complicar las cosas simples.

Veo personas afanosas persiguiendo objetivos brutales… enojándose porque a otros “les va mejor”, desesperando cuando sienten que otros “los superan”.

Veo personas que venden “su amor”, su esclavitud a quien puede ofrecer comodidades materiales…

Veo personas alteradas e infelices envidiando los pasos de otros, las vidas de otros, mirando con recelo la felicidad de otros buscando donde está la grieta que delate que no son tan felices como parecen…

Veo personas atragantadas de cosas materiales con las cuales “hacerse felices”.

Cuanto contrasentido…

La paz sólo está en el amor. Estos tiempos revelan con crudeza la lucidez de aquel pensamiento de Albert Camus “No ser amado es una simple desventura. La verdadera desgracia es no saber amar.” Muchas personas convencidas que para amar hay que recibir amor antes… y todos esperando que otro sea el primero… Amar. Tan sencillo y tal vez tan difícil… quien ama recibe en cualquier momento la sorpresa de ser amado. Porque el amor, el auténtico, provoca un efecto multiplicador… y dónde vas con amor recibís mucho más de lo que creías dar… Dicho ha sido por el Maestro que hay más dicha en dar que en recibir y cuando amás sabés que estás amando porque te hace más feliz lo que das que lo que puedas recibir…

La paz está en la contemplación. Aceptar el lugar que ocupamos en el todo, nuestra insignificancia y nuestra misión… Al contemplar los otros y lo otro se convierten en maravillas… y transitamos un entendimiento que va más allá de la razón acerca de cada ser con quien compartimos el tiempo y la tierra…

La paz sólo puede estar en la autenticidad. Ama de verdad y donde no ames de verdad no permanezcas porque eso te hará sufrir en vano y peor aún hará sufrir a otros en vano. Donde ames de verdad hay alegría para tu existencia y para quienes te rodean y reciben ese energía única que irradia tu luz dándose a los otros, a lo otro…

Porque amando con sinceridad los objetivos inalcanzables se hacen cercanos y los horizontes absurdos desaparecen. Ya no hallarás sentido a correr como loco detrás del dinero o las apariencias… y disfrutarás el tiempo que puedas transitar… y tu mundo cambiará de manera tal que hasta te costará luego comprender como pudiste perder tanto tiempo de tu vida viviendo de una manera equivocada…

Amando, la contemplación del universo cobra tremendo sentido y te resulta más importante detenerte en un paisaje, en un ser vivo, en un momento compartido que frente a una joya creada por manos humanas…

La paz sólo está en ser uno mismo. Por eso el primer amor debe ser el respeto por sí mismo, nadie ama ni respeta a los demás sin respetarse y amarse antes. Las demandas de los otros pueden ser tiranas… solo cuando se lo permitimos.
Entonces si envidiabas la vida de otros ahora al verlas hermosas y auténticas te darán esperanzas… ellos ya no serán tus adversarios sino modelos a seguir…

Si anhelabas el patrimonio de otros al comprender que tu vida no está en las cosas sino en lo que desde tu alma puedas vivir… comprenderás que lo que menos llena tu corazón es el dinero… y ya no te preocupará quien ha cambiado el auto, quien ha viajado, quien tiene más y quien tiene nada…

Es desesperante ver personas deambulando por todo el mundo y sin poder disfrutar los lugares por los que van… y es que se puede huir de todo menos del amor… del amor que no se vive o no se siente, del amor que ya no está, del amor que no se encuentra, del amor que no se sabe dar…

He descubierto, tal vez a partir de los cuantiosos defectos de mi vida o de la lucidez que quien sabe porque se haya posado en mi alguna vez, he hallado que el amor me hace disfrutar y contemplar la felicidad de otros y me hace sentir feliz y esperanzado… me empuja a contemplar en medio del caos de la ciudad una flor o un pequeño insecto brillando a la luz del sol… una pareja que se ama en un parque, una madre jugando con sus pequeños… la maravilla de un árbol reluciendo su verde… el agua corriendo en el río… las nubes dibujando historias en el cielo… la belleza de los lugares más comunes se enciende cuando somos capaces de aceptar el peso de los ojos del amor…

Puede costar un poco… amar no es fácil jamás. Tiene sus dolencias. El corazón parece estallar y uno no sabe bien qué hacer con eso… Pero es un peso que paradójicamente despliega nuestras alas… esas alas que como humanos no tenemos para volar pero si para imaginar y amar y cambiar así todo lo que nos rodea, el mundo mismo, a partir de nuestros ínfimos hechos…

A veces hay quienes no comprenden y ante un acto de amor te dicen, “no te das cuenta que te usa”. Y antes de aceptar el peso del amor solía ofuscarme con estas cosas, con estas personas que sólo te buscan cuanto te necesitan… pero cuando la gracia de vivir en el amor toca tu alma, tu vida, aliviana tus pies y enciende tus ideas, cuando tu corazón vuelve a latir de verdad… ya no se siente ese dolor sino una extraña alegría que no es de sonrisas pero si de regocijo, de satisfacción interior… de estar haciendo lo mejor…

Claro que me doy cuenta, pude contestar una vez… pero a veces la única forma que tiene el amor de acariciar a esas personas, la mejor manera que Dios halla para tocarlas, es llamando a los “tontos” que somos capaces de amar haciéndonos los desentendidos…

Hay que “hacerse los tontos” para cambiar este mundo tan lleno de maldad, tan desbordado de egoísmo y avaricia… tan aprisionado de envidias, celos, violencia y bestialidad…

Hay que confiar tal vez en que el ejemplo que damos al hacernos los tontos y amar… pueda calar en aquellas personas que ya no creen en nada ni en nadie… que han sido lastimadas, arrasadas por la maldad que domina estas vidas que llevamos en un mundo que enajena, que nos quiere hacer creer que el objetivo de una vida pueden ser cosas… cuando las cosas no son vida para nada… sino todo lo contrario, las cosas son la muerte.

Millones sacrificando su tiempo, sus respiros, su felicidad por cosas… en trabajos absurdos donde el esfuerzo jamás termina y el premio no existe…

Como dijo Mujica, lo que me cuesta una cosa no es dinero, es el tiempo que me demandó juntar ese dinero… el tiempo que sacrificamos de nuestras vidas por acceder a esas cosas…

Todo el mundo deseando lo que tienen otros… y nadie tiene nada… porque no somos dueños de nada… es un tremendo engaño vivir creyéndose dueños de algo… Apenas si logramos algunas veces decidir sobre el tiempo que se nos ha concedido… y llegado un suspiro dejamos aquí todo sin muchas veces tener tiempo de arreglar nada ni despedirse de nadie…

Y así está siendo arrasado el mundo, destruyendo incluso el clima global… sólo por apropiarse de cosas que realmente no son de nadie…

Definitivamente el mundo necesita aceptar el peso del amor… aprender todos a vivir de otra forma, esta forma donde nos convertimos en cosas que buscan cosas no sirve, está más que demostrado en la violencia que impera… en la maldad que impera… en la miseria que impera y en las vidas que se desperdician entregadas a cosas…

Las cosas no tienen vida... mal podrían dar vida…

La vida y la paz sólo están allí donde aceptemos el peso del amor y lo vivamos con toda autenticidad.

Marcelo Zamora, 14 de diciembre de 2016 

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