A veces. La Vida se Abre Paso. Marcelo Zamora, Escritos
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A veces

Cómplice el sol te ilumina con todo su fuego reclamándote como su amado tesoro entre tanto gris muerto...

Publicado: domingo, 7 de agosto de 2016

A veces. Cómplice el sol te ilumina con todo su fuego reclamándote como su amado tesoro entre tanto gris muerto...

A veces, sólo a veces, despertás...

Y al hacerlo, aquello que parecía un horizonte y que perseguías con tanto amor... comprendés que no merece nada de tu esfuerzo y ni un respiro de tantos de tu entrega...

Y al hacerlo, aquello que parecía el futuro y construías con tanto esmero... se te aparece frente a los ojos desnudo de todos sus espejismos y no es todo ni nada de lo que creías que era...

Y al hacerlo, por un segundo desespera ver caer los maderos de la catedral de tus ensueños…

Y al hacerlo, la impotencia se hace herida y la mirada se pierde en el cielo como esperando explicaciones del silencio.

Y al hacerlo, ves pasar todo lo que has vivido en esa invención y el desvarío por el cual el maligno ha querido empujarte para que llegado el momento haga en tu alma su reino…

Y al hacerlo, ves pasar aquel mundo otrora bello ahora moribundo y enfermo… y con él todo tu ser pierde parte de su tiempo… y se te atraganta en la derrota todo tu aliento…

Y al hacerlo, pareciera que todos los ángeles se han ido lejos y la tierra reclama el líquido de tus desvelos… que gota a gota cae y se pierde como si nada fuese en tan áridos suelos…

A veces, sólo a veces, despertás…

Y descubrís que…

Donde dormían tus esperanzas no eran sueños…
Donde rezaba tu soledad no eran sueños…
Donde vibraba tu alma no eran sueños…

Y se enciende un fuego… que puede ser un fin hacia un posible camino nuevo…
Y se enciende tu alma… que puede ser doloroso comienzo hacia un tiempo nuevo…
Y se encienden tus ojos… que puede ser que reclamen estar aunque sea por todo un día secos pero también una visión de todo lo nuevo que no estaban viendo…

Como el bosque que de las cenizas hace más esplendoroso su renacimiento… ante tanta muerte y desolación… brota tímida e insignificante esa semilla dormida en tu cerebro…

Ínfima, sin ningún tipo de certidumbre sobre si será capaz de llegar muy lejos…

Diminuta es la vida que se abre paso, siempre… y contra todo pronóstico esos brotes débiles pueden llegar al esplendor de un monte donde la vida se pose nuevamente en las alas de los seres más bellos…

Y allí ha de amanecer el viento, la lluvia y el tiempo… sin olvidar que cada día ha de tener su noche, sus insomnios y su retuerzo…

Y cuál titán de tu epopeya, la batalla más brutal será permanecer despierto… sin permitir que las cenizas cubran ese pequeño verde que desde el suelo hacia el cielo con lentitud y atrevimiento se va abriendo…

Ya sepultados los fantasmas que hoy te reclaman lágrimas y desasosiego… volverán las alas del tiempo a ser bendición entre tus dedos…

Ya atrás y lejos, la prisión que te imponían las perturbaciones y los días muertos… se levantarán las voluntades y los horizontes de ocasos anaranjados con siluetas de árboles inmensos en el medio…

Este desierto yermo… que fuere cenizas ya no arderá por el fuego sino en la luz del amanecer intenso de ver elevarse gigantes humildes llenos de vida… y alzarás la vista para maravillarte con todas las criaturas que en sus copas habitan y dan vida a este, tu nuevo destino…

A veces, sólo a veces, despertás...

Y al hacerlo sin importar cuan magullado salgas abandonás el infierno… y te duele el alma de tanto tormento, de tanta tribulación… pero aún te queda un chispa divina y Aquel que tantos aseguran que está allí esperando que emprendas nuevamente tu vuelo… te envía un ave pequeña y principiante que despegue a los tumbos frente a tu marchito sendero para recordarte que nunca es fácil emprender hacia el Cielo…

A veces, sólo a veces, despertás...

Y al hacerlo, lo que creías sueño era sólo una pesadilla y lo que temías como la peor pesadilla comenzás a ver que era el principio del final de todos los desasosiegos…

Y al hacerlo las nubes ya no son monstruos grises sino la gracia del agua devolviendo la vida a tu suelo…

Y al hacerlo las distancias inmensas del mundo se nos abren para dar los pasos que estaba negándonos el miedo…

Y al hacerlo del derrumbe de tus dominios de adobe, la hierba hace su feudo… y todo aquello que el necio que eras veía como consumación adversa de todos tus concluyentes se vuelve diminuto y en tu primer paso va desapareciendo…

A veces, sólo a veces, despertás...

Y dejás de ser cenizas… porque la vida se abre paso… siempre… y te descubrís al espejo… como un insignificante brote verde, brillante, afanoso de desplegarse y acercarse lo más posible al celeste, límpido y hermoso cielo… y cómplice el sol te ilumina con todo su fuego reclamándote como su amado tesoro entre tanto gris muerto…
Un bosque comienza en una hoja que se abre intrascendente e inadvertida, verlo crecer es el espectáculo más bello pero asistir al MILAGRO único de toda la vida que lo habita y le da voz es mucho más que un sueño…

Por pequeña que sea una semilla, si se abre paso entre las rocas y el tiempo… será vida, alegría, esperanza y la confirmación que Alguien está allí ofreciéndote y esperando con todo Amor que seas valiente y te esfuerces en este nuevo comienzo…


Marcelo Zamora, 7 de agosto de 2016

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